Ésta página dedicada al Médico Veterinario Dr. Tito Valbuena
Hasta ahora siempre he hablado de la forma de interpretar el lenguaje de nuestros perros y saber lo que nos quieren decir, pero la comunicación no tiene porque ser unidireccional. Realmente transmitimos bastante información a nuestros perros que ellos intentan comprender.
Lo primero que pensamos cuando pretendemos comunicar algo a nuestro perro es en utilizar la palabra. Con un perro adiestrado utilizamos una serie de órdenes verbales como "sit" o "platz" para conseguir que haga alguna cosa, como sentarse o tumbarse. Pero cuando le hablamos sin ordenarle algo también estamos transmitiéndole información que comprende, no las palabras que utilizamos, pero sí los tonos de voz, que le hacen saber si estamos enfadados, alegres, tristes, lo felicitamos...
Además de la voz tenemos la alternativa de experimentar con nuestro perro otra forma de comunicación a base de señales corporales, las mismas que utilizan para comunicarse entre ellos. Veamos que es lo que podemos probar:
- Dar la espalda: la podemos utilizar para que se tranquilice, por ejemplo cuando está nervioso o cuando insiste en subir sobre nosotros para que se detenga. Esto último por lo menos con mi Dobermann no hace demasiado efecto...
- Moverse despacio: otra forma de tranquilizarlo, podemos movernos lentamente si vemos que anda acelerado para que baje el ritmo.
- Bostezar: el perro lo utiliza cuando está asustado o preocupado, para tranquilizarse, así que podemos utilizarlo para calmarlo. Con mis perros adultos no he observado ningún efecto al hacerlo, pero con un cachorrito después de unos cuantos bostezos se terminaba durmiendo.
- Entrecerrar los ojos: cuando nos acerquemos a un perro que no conozcamos es un buen sistema para calmarlo ya que, si estamos de pie y lo miramos desde arriba, se sentirá más tranquilo al parecer nuestros ojos más pequeños.
- Girar la cabeza: la forma que tiene un perro de acercarse a otro sin asustarlo es de forma indirecta, trazando una pequeña curva, en lugar de forma directa, con lo que giraría la cabeza para calmarlo. Es igualmente aplicable en humanos; utilizará esta señal si nos acercamos directamente o nos inclinamos junto a él. Aunque no es utilizable directamente por los humanos, explica el comportamiento del perro en un acercamiento.
Además de lo entretenido que resulta utilizar estas señales con nuestro perro, su uso nos puede permitir acercarnos a un perro sin asustarlo. Basándonos en ellas, en primer lugar debemos acercarnos a él trazando una pequeña curva, y cuando estemos cerca si entrecerramos los ojos no lo intimidaremos con nuestra mirada. Una vez junto al perro podemos agacharnos flexionando las rodillas, con lo que estaremos a su altura y se sentirá más tranquilo. Para ir ganándonos su confianza podemos estirar el brazo con la mano con los dedos relajados hacia abajo, vigilando que no reaccione de forma agresiva y, sin llegar a tocarlo ni acercar nuestra mano demasiado, esperar que la olfatee. Todo ello con movimientos lentos para no ponerlo nervioso. Si nos llega a olfatear la mano y sigue tranquilo, habremos avanzado mucho para ganárnoslo. Es un método que a mi personalmente me ha funcionado siempre, pero es importante controlar la actitud del perro y no acercarnos demasiado si vemos que se pone más nervioso o muestra signos de agresividad.

¿ Observador ? ¿ Afectivo ? ¿ Agresivo ?
¿ Mimados ? ¿ Algún parecido ? Mis Amigos
Terapia psicológica para perros
¿Sabía usted que los perros también cuentan con "Psicólogos" y hasta reciben terapia?
EL MEJOR AMIGO
Un perro es una excelente compañía pero también requere atención y cuidados especiales.
Ciertamente no se les sienta en el diván ni se les pregunta cuáles son sus síntomas. Pero pueden padecer problemas de depresión, agresividad, fobias o desequilibrios emocionales, e incluso pueden sufrir un trastorno psicológico. Aunque casi siempre al que hay que tratar es también al dueño. “No se sienta el perro en un diván y se le pregunta ‘a ver, dime qué tienes’. Primero se hace un diagnóstico a través de una historia clínica detallada con preguntas al propietario y se establecen diversas hipótesis”, comenta el doctor Moisés Heiblum, etólogo clínico y jefe de servicios de Etología Clínica del Hospital Veterinario de la UNAM. Explicó que todo es importante para determinar el comportamiento del perro: si el animal está en el ambiente adecuado, si es por un conflicto social, si es un episodio en el desarrollo temprano del animal lo que causa el problema y todo se va evaluando, comenta el médico de la UNAM. Incluso se evalúa directa o indirectamente al perro. Y se analizan con videos o fotografías para ratificar o rectificar las hipótesis establecidas.
LAS TERAPIAS
El especialista de la UNAM dice que la terapia involucra tres fases fundamentales: la primera es la reorganización social, es decir educar al propietario en el qué pasa y por qué pasa, y las diferentes formas de comunicarse con su animal. Bertha Molinar, etóloga de la UAM, especialista en especies pequeñas y entrenadora de perros desde hace 16 años, explica que “el problema no es sólo de los animales; muchos de los pacientes que tienen trastornos en sus comportamientos se deben a un mal manejo de los dueños, porque hay una gran ignorancia en cómo se trata a la mascota”. La segunda fase, añade, Moisés Heiblum, es “modificar el ambiente: cambiar el entorno, es decir, barreras físicas para que el perro tenga oportunidad de desarrollar conductas propias. Salir a pasear. Tener contacto social con el ser humano, entre otras. Y la tercera, técnicas de modificación conductual. Diferentes tipos de aprendizaje que se le enseñan al perro para modificar su comportamiento ante el estímulo que le está produciendo la conducta problema. Tolerar a personas y estímulos por los que siente miedo, así como enseñarlo a relajarse para bajar el nivel de estrés, detalla el especialista de la UNAM. Todos estos padecimientos se deben a alguna disfunción cerebral y los tratamientos se apoyan con fármacos. “Hemos visto resultados muy positivos, aunque no necesariamente se tienen que curar sino sólo tratarlos para una mejor convivencia, y éstos nunca son a corto plazo, generalmente durante tres a seis meses, depende el caso”, dice Heiblum. Añade que “en el único caso en donde consideramos la eutanasia –sacrificio no doloroso– como parte de una estrategia, es cuando tenemos un animal agresivo, de mucho tiempo con ataques muy violentos o con algunos factores de riesgo en el medio ambiente, como niños, discapacitados físicos, mentales o ancianos, porque puede llegar hasta consecuencias fatales”.
PONIENDO LIMITES
Pensábamos regalarla por su mal comportamiento; tenía dos periodos en el día donde se ponía como “loca”, demandaba muchísima atención y no dejaba a nadie. Kyara, una Cocker de 11 meses, no dejaba tranquilos por las noches a sus dueños. “Ladraba mucho, se subía a los sillones y a las dos de la mañana se metía debajo de la cama y comenzaba a rascar. El ruido no nos permitía dormir”, platica su propietaria, Hilda García Sam. “Yo estaba cansadísima, estuve a punto de regalarla, no podía ser que no nos dejara dormir y el agotamiento ya era acumulado y ya no podíamos más”, recuerda. Decidimos consultar a un etólogo para que nos ayudara. Nos explicó el comportamiento de los perros, y nos mostró las técnicas para ponerle límites y modificar su comportamiento. Además nos enseñó a usar la correa de castigo. A cada acción hay una reacción. Hace un mes que todos podemos dormir. “Nos diagnosticaron falta de límites. Había que dejarle muy claro a la mascota qué lugar tiene en la casa, porque estaba muy consentida. Nos explicó que los perros entienden más de lo que creemos”, agrega.
SÍNTOMAS Y DIAGNÓSTICOS FRECUENTES
Si su perro se lame demasiado o intenta constantemente morderse el rabo, es agresivo, miedoso, destruye el sitio donde vive o incluso llora mucho, no se deshaga de él. No es que sea desobediente, sino que puede que esté sufriendo angustia o tenga un desequilibrio emocional y padezca un trastorno sicológico. Mejor atiéndalo. Llévelo con un etólogo, el profesionista que se encarga de prevenir y diagnosticar problemas conductuales de los animales en su hábitat natural, porque los síntomas que tiene su perro lo pueden llevar incluso a automutilarse y a lamerse de una manera exagerada para autolastimarse severamente. Todos los padecimientos “psicológicos” son curables mientras se detecten a tiempo y se ayude a los propietarios a resolver estos problemas que siempre han existido pero no se sabía que son curables y por ello constituían la causa número uno de sacrificios o de abandono. Pero siempre hay que detectar el origen de la enfermedad porque un problema de tipo físico como la diabetes, gastritis o alguna otra puede desencadenar en un problema de tipo emocional o sicológico, comenta Bertha Molinar. La especialista de la UAM comenta que la mayoría de los casos que ha atendido se debe al exceso de cariño, el maltrato, la falta de tiempo que se le brinda al animal, y esto provoca un mal manejo de tipo funcional y se refleja en la conducta del animal. El diagnóstico más frecuente en los perros es la agresividad y dentro de ésta hay subdivisiones como la motivación para realizar la conducta o por estructuras nerviosas, aseguró el doctor Moisés Heiblum. También está la agresividad por dominancias, la territorial, por miedo, aprendida, maternal, y todas aquéllas que disminuyan el grado de tolerancia y a su vez aumenten el grado estrés, agregó el especialista de la UNAM. En los trastornos compulsivos se encuentran los perros que se automutilan alguna parte del cuerpo, persiguen la cola, se lamen demasiado provocándose lesiones severas, cazan moscas y todas estas tienen que ver con trastornos emocionales. Igualmente existen la ansiedad por separación, que básicamente es un estado de angustia o depresión del perro cuando no se encuentra al alcance su figura de seguridad, que por lo regular es el propietario, afirma el especialista de la UNAM. Otro de los trastornos frecuentes es la angustia generalizada, que es un perro que se preocupa de todo, que le tiene miedo a los estímulos y que generalmente exhibe signos de falta de relajamiento, signos gestuales en donde siempre tiende a tener una respiración más agitada, a bostezar más, a lamerse los labios, y siempre buscan un refugio.
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