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Home      Psicología Clínica y Psicoterapia
 
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Psicología Clínica y Psicoterapia

Dr. José Antonio García Higuera

Centro de Psicología Clínica

C/ Alcalá, 96 Madrid (España)

En general el término psicoterapia se ha aplicado más en el ámbito de la

orientación dinámica (psicoanálisis, terapia humanista,..) mientras que

"psicología clínica" lo han aplicado los psicólogos cognitivo conductuales a su

labor terapéutica. Sin embargo desde algunos puntos de vista se ha

considerado a la psicoterapia como una parte de la psicología clínica (COP,

1999).

Desde algunas perspectivas la psicoterapia es un espacio de reflexión con un

profesional en el que se afrontan los problemas que en esta vida nos asaltan.

Desde aquí es desde donde las terapias de insight han afrontado su labor. Se

supone que el paciente acude al terapeuta para reflexionar juntos y averiguar

que es lo que ocurre, que muchas veces es inconsciente, es decir, está fuera

de nuestra conciencia. Estas terapias suponen que el conocimiento salva y que

averiguando aquello que hemos olvidado o de lo que no somos conscientes se

soluciona el problema. Pero ya Freud afirmaba que era preciso revivir el trauma

en las sesiones para poder resolverlo. Desde una perspectiva cognitivo

conductual se sabe que para resolver un problema hay que modificar

determinadas conductas, y que si no se hace el problema no se soluciona.

Cuando se habla de conductas se hace en un sentido amplio, considerando

conductas los pensamientos, los sentimientos y las emociones.

Por eso la psicoterapia cognitivo conductual tiene dos partes, por una es una

reflexión conjunta sobre el problema. Es la responsabilidad del paciente

contribuir plenamente a la definición del problema, que no es más que aquello

que le preocupa y le lleva a la consulta. Una vez establecida la visión que el

paciente tiene de su problema, bajo la guía del terapeuta, se realiza el análisis

funcional del problema, enunciándolo en términos operativos y modificables. Se

fijan así los objetivos de la terapia y comienza el tratamiento, que tienen que se

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consensuados entre el paciente y el terapeuta y pueden ir variando a lo largo

de la terapia, de acuerdo a como se va avanzando y comprendiendo lo que

ocurre.

El tratamiento consiste en el establecimiento de un programa para modificar las

conductas, pensamientos y sentimientos que son relevantes en el

mantenimiento del problema. La psicoterapia consiste entonces en acompañar

al paciente en el camino que tiene que hacer para llevar a cabo el programa.

Con esta visión se puede decir que la terapia cognitivo conductual es directiva

en el cumplimiento del programa, pero siempre adaptándose a las capacidades

y limitaciones del paciente; pero es una terapia no directiva a la hora de fijar el

problema, puesto que es el paciente quien lo plantea y se acepta su

planteamiento.

Las terapias no sirven para todo, solamente si existe un tratamiento para el

problema es cuando se puede afrontar. Cuando el problema no es resoluble, se

tiene que entrar en otra forma de afrontamiento: LA ACEPTACIÓN. La terapia

de aceptación y compromiso enseña como poder llevar a cabo este proceso sin

que interfieran nuestros pensamientos, sensaciones, sentimientos y

emociones.

Pero la eficacia de la terapia cognitivo conductual depende de que se conozcan

cuales son las conductas problema y las leyes que las rigen. Desde una

perspectiva cognitivo - conductual se han dado importantes avances en los

tratamientos por medio de la identificación y modificación de conductas

nucleares; que son las que tienen un gran impacto en el comportamiento

humano en general. Por ejemplo, el manejo de la ansiedad (Wolpe, 1975;

Marks, 1974) ha permitido solucionar de manera efectiva fobias, obsesiones, y

demás trastornos asociados a ella. Las conductas cognitivas, como los

pensamientos automáticos (Beck, 1979) o las ideas irracionales de Ellis han

sido otro gran avance de la terapia, definiendo tratamientos de elección para la

depresión, avances en el manejo de la ansiedad y abre esperanzas para los

trastornos de personalidad (Beck et al, 1985). En la modificación de los

esquemas más nucleares, los aprendidos en las relaciones con nuestros

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padres, juega un papel fundamental la relación terapéutica larga y profunda

que permite cambios basados precisamente en las conductas que se dan en su

contexto (Kohlerberg, Tsai, 1991; Newman, Castonguay, Borkovec y Molnar,

2004). Se pueden encontar más detalles de mi pensamiento sobre este

aspecto en la sección profesional de Psicoteapeutas.com

Tanto la ansiedad como las conductas cognitivas están relacionadas con el

control de la conducta humana. La consideración del control como elemento

diferenciado de la conducta puede suponer aportaciones importantes a la

práctica de la psicoterapia. La importancia del estudio del control puede

comprenderse teniendo en cuenta el impacto que se le ha reconocido en la

generación de la depresión (Abramson, Seligman, 1978) y de trastornos de

ansiedad (Barlow et al, 1995).

Para el estudio del control es necesario empezar con una definición, que si bien

es un concepto ubicuo en la literatura psicológica no se le suele dar una

definición precisa. En el papel se parte de una orientación de la teoría de la

información, que si bien ha comenzado con un concepto de control sencillo

basado en el ciclo de retroalimentación (Wiener, 1948; Powers, 1973), ha ido

evolucionando hacia estructuras y arquitecturas más complejas, (agentes,

multiagentes, etc.) elaborando modelos que pueden arrojar luz sobre las

estructuras del comportamiento humano que intervienen en el control de la

conducta. En la siguiente página se muestra como se está abriendo paso la

teoría del control en la psicología clínica. El control en psicología.

Gran parte de nuestra conducta cotidiana, como el caminar es controlada de

forma automática, mientras que muchas de las conductas dirigidas a conseguir

nuestros objetivos las controlamos conscientemente; pero cuando el control lo

intentamos aplicar a nuestros pensamientos y nuestras emociones las cosas

cambian. Wegner (1989) ha demostrado que cuando no queremos pensar en

algo ese pensamiento se hace presente y ocupa nuestra mente con más

probabilidad, y de hecho existe un control irónico que está chequeando

constantemente si el pensamiento aparece o no, y de esa forma el

pensamiento se hace presente. Con las emociones y sensaciones ocurre lo

mismo, si queremos controlarlas se enganchan en nuestro cuerpo y se

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convierten muchas veces en el problema, por eso la Terapia de Aceptación y

Compromiso (Hayes, et al. 1999) parte de que uno de los problemas que nos

lleva a la terapia es querer controlar nuestros pensamientos y sentimientos y

propone el abandono de ese control como un elemento previo a poder resolver

el problema. Esta terapia permite acceder a cambios profundos en la

personalidad y se relaciona con la Terapia Conductual Dialéctica de Linehan

que ha demostrado su eficacia en el tratamiento de los trastornos de

personalidad límite.

Existen otras aportaciones que están suponiendo un gran avance en

psicoterapia, en concreto la incorporación de técnicas corporales que permiten

la modificación de otras conductas nucleares como es el comportamiento con

el propio cuerpo. Plantean pasos más allá del mero control de la ansiedad y en

realidad proponen una forma diferente de vivir. Se puede ver una descripción

del tratamiento cognitivo conductual de la ansiedad con una orientación

totalmente práctica en Psicoterapeutas.com

Las aportaciones de los constructivistas (Mahoney y Niemeyer, 1993), desde

un punto de vista cognitivo - conductual, han puesto las bases para tratar el

diálogo interno que constituye la narrativa de la historia personal. Sin olvidar

que los problemas se tienen que resolver aquí y ahora, el terapeuta tiene

medios eficaces para enfrentar los que viniendo del pasado actúan todavía en

la conciencia y conducta del paciente.

Algunos aspectos particulares de la terapia

Duración de la terapia

La pregunta de cuanto dura una terapia tiene difícil contestación. La terapia es

un proceso que realiza el paciente y hay que cambiar su comportamiento

desde su propia perspectiva. Ahí reside uno de los principales retos y

problemas de la terapia. En efecto, no es un proceso automático como cuando

se suelda una pierna o un antibiótico mata a una bacteria. Son procesos en los

que interviene la persona que tiene que cambiar, por eso se dan grandes

variaciones en la duración de la terapia.

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Explicar qué se tiene que hacer para resolver el problema puede ser muy

sencillo y corto, bastarían unas cuantas sesiones. Pero explicarlo de forma

adecuada para que lo entienda un paciente en particular puede ser mucho más

costoso y ponerlo en práctica depende de la persona que inicia el tratamiento.

El coste de la terapia

La terapia tiene que tener un coste por varias razones fundamentales:

1. La primera es que se está utilizando el tiempo y los conocimientos de un

terapeuta, que es un profesional preparado, tanto teórica como

personalmente y se le debe compensar por ello. No lo hace solamente

por vocación, sino que tiene que vivir de ello para ser realmente

profesional.

2. Otra razón de menos peso es que las cosas las valoramos por lo que

nos cuesta y si no nos cuesta nada, la terapia la valoraremos muy poco.

3. La terapia establece una relación profunda entre el terapeuta y el

paciente, y el pago deja claro en todo momento que se trata

exclusivamente de una relación profesional. Este aspecto es muy

importante para que el paciente valore lo que dice y hace el terapeuta y

para que el terapeuta pueda colocar entre ambos la distancia necesaria.

4. El proceso terapéutico exige un compromiso al paciente. Por eso, de

manera general, se pide al paciente un compromiso de pagar la terapia;

incluso si no puede acudir a ella y no avisa en determinados plazos, que

pueden ser 24 ó 48 horas, aunque en determinadas orientaciones se es

más inflexible. La lógica de esta petición se basa primero en que el

terapeuta ha reservado su tiempo para esa persona y no puede

dedicarlo a otra tarea o a otro paciente y segundo, y fundamental,

porque el paciente adquiere de esta manera un compromiso de

asistencia frente a posibles incidencias que ocurran en la vida. Por

ejemplo, a una paciente tímido, si el jefe le pide que se quede a trabajar

más tiempo cuando ya salía por la puerta, tiene que valorar decirle si o

no, si le dice que sí sabe que tiene que pagar la terapia, lo que será un

aliciente para defender sus derechos.

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Tratamiento de la ansiedad.

La desensibilización y la exposición en la terapia cognitivo conductual

Capítulo de su libro "Terapia psicológica en el tartamudeo" de editorial El

paciente tiene que entender que la lucha contra la ansiedad, con los

sentimientos y pensamientos que lleva asociados su tremendo esfuerzo, está

marcando la dirección de su vida, en lugar de sus aspiraciones, objetivos y

valores que le llevarían a ser más feliz. Cuando el paciente se ha colocado en

posición de luchar por sus valores, pese a sus problemas, ha aceptado la

filosofía de la técnica básica de la desensibilización, que consiste en

enfrentarse a las situaciones temidas sin dar las conductas de evitación. De

todas formas, la terapia de aceptación y compromiso establece técnicas

adicionales para asegurar que el paciente ha comprendido la filosofía de la

exposición y que colabora voluntaria y plenamente en ella.

Sabemos que cuando se hace la exposición al estímulo temido sin dar

respuestas de evitación o de huida, se produce un proceso de habituación y,

con el tiempo y la perseverancia, la ansiedad se hace tolerable y disminuye

hasta llegar a desaparecer. Sin embargo, la Terapia de Aceptación y

Compromiso avisa que plantear de entrada este proceso al paciente puede

llevarle a considerarlo como el truquillo que estaba buscando para solucionar el

problema en lugar de un cambio profundo en su filosofía para enfrentar la vida.

Por eso hay que dejar bien claro que no se trata de un método para controlar la

ansiedad, sino una forma de potenciar un fenómeno que ocurre como resultado

de la ley fisiológica: la de la habituación, y que lo funciona sin intervención

voluntaria nuestra.

El afrontamiento de la ansiedad en la terapia cognitivo conductual

Cuando Van Riper propuso su terapia, la técnica de afrontamiento de la

ansiedad que había demostrado de forma más fehaciente su eficacia se

llamaba desensibilización sistemática y de ella tomó su nombre la fase que

aquí describimos. Sin embargo, en el proceso de avance de la terapia cognitivo

conductual se han ido matizando los elementos que hacían que esa técnica

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funcionase y se ha demostrado que lo fundamental es la exposición a los

estímulos temidos. Por eso se actualmente se utiliza menos la palabra

desensibilización y más la de exposición. En el presente trabajo se han

utilizado ambos términos de manera indistinta y generalmente como

equivalentes, porque la descripción de la fase y las técnicas que hace Van

Riper tienen actualmente una vigencia total y se ha preferido conservar el

término que él empleó.

Según Marks (1991) existe una autopista para el manejo de la ansiedad que es

la exposición (desensibilización) a la situación temida y otras carreteras

secundarias como son la relajación, la tensión muscular en algunos casos, la

respiración, etc. Por tanto, el objetivo principal en esta fase es que el tartamudo

realice una exposición terapéutica a las conductas identificadas en la fase

anterior que están implícitas en su forma de tartamudear, porque aunque han

nacido para evitar el tartamudeo, como no lo consiguen se han convertido ellas

mismas en fuente de ansiedad. Por supuesto también tiene que exponerse a

tartamudear en las situaciones que teme. No quiere decir que tartamudee a

propósito, sino que se arriesgue a que ocurra sin hacer nada por evitarlo.

El proceso de exposición o desensibilización consiste en que la persona se

exponga al estímulo temido sin que dé las conductas de evitación, huida o

lucha. Cuando se hace así de forma sistemática, se da la habituación, junto con

la extinción de las conductas de evitación, entonces la ansiedad disminuye y se

afrontan las situaciones con tranquilidad creciente.

Hay muchos ejemplos en la vida cotidiana que nos dan una idea de cómo es

este proceso. Uno de ellos, porque es muy común, es cuando aprende a nadar

alguien que tiene miedo al agua. Puede estudiar muchos manuales, estudiar

muchos estilos, pero si finalmente no se va exponiendo al agua, mojándose y

metiéndose en la piscina, yendo paulatinamente hacia donde le cubre y teme

más poderse ahogar, no conseguirá nada. Al principio, cuando vaya avanzando

lo pasará mal, pero finalmente, con tiempo y perseverancia, conseguirá

disfrutar del baño. Existe otro método para perder el miedo a nadar y es tirarse

a la piscina directamente donde cubre, de esta forma se consigue rápidamente

perder el miedo, pero siempre y cuando se haga con un cierto conocimiento de

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nadar y un socorrista cerca que den las suficientes garantías de que no va a

pasar nada.

Aunque hay distintas visiones sobre el mecanismo que funciona en el proceso

de exposición o desensibilización, la teoría más aceptada es que se da un

fenómeno de habituación por el que nos acostumbramos a la ansiedad y

dejamos de sentir las sensaciones asociadas a ella, al no dar respuestas de

evitación. Otra visión es que la excitación que está en la base de la ansiedad

desaparece porque pierde su funcionalidad al no luchar ni huir. Otra visión más,

se basa en la extinción de la ansiedad como conducta de preparación para las

acciones de evitar, al no realizarlas. Otra visión adicional es que la

desensibilización y la exposición están basadas en el contracondicionamiento,

que consiste en lograr que aparezca una nueva respuesta en lugar de la

ansiedad en las situaciones temidas. En realidad todas las visiones son

complementarias y dan cumplida cuenta del proceso que se sigue.

Una metáfora proveniente de la Terapia de Aceptación y Compromiso compara

a la ansiedad con un monstruo que vive y se alimenta de adrenalina. Cuando

algo nos avisa que hay un peligro, como entrar en una escalera mucho más

empinada de lo esperado, realizamos una descarga automática de adrenalina y

el monstruo que estaba dormido se despierta y logra que de forma automática

nos agarremos a la barandilla y nos ayuda a no caernos. Nos damos cuenta de

que tenemos el monstruo dentro y que se ha quedado, porque mientras digiere

la adrenalina está fuerte ya que todavía le queda alimento para vivir. Cuando

pasa el tiempo sin que veamos un nuevo peligro el cuerpo recupera su nivel

normal de adrenalina y el monstruo se hiberna, porque no tiene suficiente

alimento. Cuando es el propio monstruo el que nos da miedo y lo queremos

echar del cuerpo, y luchamos para que desaparezca de inmediato, volvemos a

hacer otra descarga de adrenalina para poder hacer el esfuerzo de luchar

contra él. El monstruo, encantado porque tiene más alimento, crece y se hace

más amenazador, nos dice que va a comernos el cerebro, que nos va a dañar

el corazón, y la garganta nos la va a paralizar para siempre. Si aceptamos al

monstruo en nuestro cuerpo y no hacemos nada para que se vaya, dejaremos

de darle alimento y el monstruo morirá de inanición. Siempre viviremos el

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riesgo de que no se vaya, porque no estamos haciendo nada para conseguirlo.

Tendremos que acostumbrarnos a escucharle decir "¿y si no me voy y te da un

ataque al corazón o te vuelves loco, o se te bloquea la garganta para siempre?"

y, tendremos que no hacer nada de lo que implícitamente dice, "¡lucha!, ¡huye!"

pese al miedo que sentimos. En el tartamudeo atisbar una palabra difícil o una

sensación de que no se va a poder hablar, dispara la adrenalina y se comienza

la lucha para evitar o salir del bloqueo. Cuando se ha salido, la propia

excitación avisa de que se está en una situación peligrosa y dice que hay que

seguir la lucha. Aprender a no hacerlo es el objetivo de la desensibilización en

el tartamudeo.

Como en todo proceso de habituación es imprescindible que los sucesos se

repitan durante mucho tiempo para que se dé. Todos sabemos que los

hombres somos capaces de habituarnos a las condiciones de vida más

difíciles, solamente necesitamos tiempo y querer hacerlo, es decir, exponernos

a ellas sin huir.

Formas de realizar la desensibilización

En la terapia cognitivo conductual se distinguen diversas formas de hacer la

exposición.

Exposición en la imaginación, es decir, imaginando las situaciones

que producen ansiedad y manteniéndolas en la mente de manera

constante hasta que se produce un cambio en la sensación. Este tipo

de exposición se hace muy a menudo de forma paulatina,

empezando por aquellas situaciones que producen poca ansiedad, y

se unen las imágenes a la relajación. Cuando se hace de tal manera

que es posible llegar a imaginar la situación mientras se está relajado

y se asocian las imágenes y pensamientos a sentimientos de

relajación, en lugar de a la ansiedad; se conoce como

desensibilización sistemática. Es el primer método que se

demostró empíricamente que era eficaz con los miedos ya en los

años sesenta del siglo veinte. Pero, como señala Van Riper, no es

muy eficaz para desensibilizar a los tartamudos a su habla porque es

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muy difícil imaginar con detalle las conductas motoras asociadas a su

tartamudeo ya que las han intentado ignorar durante toda su vida. Sin

embargo está indicado en muchas otras situaciones.

La desensibilización sistemática tiene como ventaja que no es

dolorosa. Otra ventaja de las exposiciones en la imaginación es que

se puede controlar el tiempo que dura de forma que se puede hacer

lo suficientemente largo para que se produzca la extinción.

Exposición en vivo, significa que la exposición y la habituación se

hacen en la propia situación real. Un problema presentado por la

exposición en vivo es que, en general, no se puede controlar la

duración de la situación y tampoco la constancia del estímulo,

necesarios para que se dé la habituación con una cierta rapidez. Por

eso es importante, en esta fase los ejercicios en las sesiones

individuales y la terapia de grupo en las que se puede prolongar la

situación y conseguir que el oyente persista en la conducta a la que

se tiene que habituar el tartamudo hasta que se consiga la

habituación.

Generalmente se intenta hacer la exposición de forma gradual, es decir, se

van enfrentando las situaciones por orden de dificultad, empezando por las

más fáciles. En este caso se conoce el proceso como desensibilización. Se

va luego aumentando la dificultad hasta alcanzar las situaciones que producen

los niveles mayores de ansiedad. Por la misma razón que se ha argumentado

sobre la exposición en vivo, la graduación es posible en la consulta o en las

sesiones de terapia de grupo, pero en la realidad las situaciones se presentan

de forma aleatoria y pueden aparecer de pronto situaciones muy difíciles para

las que todavía no se está preparado; pero que se tienen que afrontar

obligatoriamente. En ese caso es preciso tener claro que aunque se evite o se

salga de la situación como se pueda, no se puede interpretar como un fracaso

o un retroceso, sino que es preciso considerar que esas situaciones se podrán

enfrentar en un futuro. Muchas veces es preciso atacar directamente las

situaciones de más alta ansiedad de forma directa, sin empezar con otras más

fáciles.

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Cuando la exposición se realiza sobre el estímulo más temido y se potencia la

aparición inicial de sentimientos de ansiedad muy fuertes se está empleando

una modalidad de exposición que se conoce como inundación.

Emplear estas técnicas de forma eficiente y rápida implica una preparación

técnica y personal muy exigente para el terapeuta y hay que tener mucha

confianza en ellas porque el paciente se enfrenta a un sufrimiento importante.

La desensibilización en el tartamudeo

Como es muy difícil que el tartamudo se imagine su propio tartamudeo y las

respuestas que da, las exposiciones a su forma de hablar se tienen que hacer

en vivo, es decir, actuando.

Entre las situaciones que se tienen que desensibilizar se encuentran miedos de

palabras, de ciertos sonidos, de ciertos oyentes, de ciertas condiciones de

comunicación, tales como premura de tiempo, algunas actuaciones de los

oyentes, como no mirar o ponerse nervioso, o acabar las frases, etc. por

ejemplo, el empezar la palabra por p, el sonido del teléfono pueden ser

estímulos que disparen su ansiedad.

El teléfono es un elemento generalmente problemático. Las características de

este medio de comunicación dificultan su uso a los tartamudos, si se dan

silencios el oyente puede interrumpir o colgar sin saber que el otro está

bloqueado sin poder hablar. El tartamudo tampoco ve la reacción del oyente y

por ello está más inclinado a proyectar sus miedos a las reacciones del

interlocutor y el temor a que le rechacen se incrementa. Además, la

comunicación está basada solamente en el canal verbal y no se pueden utilizar

gestos, etc. que ayudan en la comunicación. Como ejemplo de exposición hay

que tener en cuenta que da buenos y sorprendentes resultados llamar por

teléfono a desconocidos miles de veces, exponiéndose a bloquearse.

La exposición en la imaginación a los peores temores que los tartamudos

tienen de las reacciones y pensamientos de los oyentes es una técnica que

tiene un efecto importante en la reducción de la ansiedad. El rechazo del

interlocutor muchas veces está solamente en su pensamiento, porque cuando

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se pasa la adolescencia es más rara la interpelación directa o las risas

exageradas del otro. Es el propio tartamudo el que interpreta distintos indicios

como muestras del peor rechazo que le pueden hacer. Por eso la exposición a

la imagen de los indicios que ve junto con el pensamiento de que se es

rechazado realmente, tiene efectos muy positivos en la reducción de la

ansiedad del tartamudo.

Como plantea la Terapia de Aceptación y Compromiso, no se trata solamente

de hacer una exposición pasiva, de quedarnos paralizados, se trata también de

ampliar nuestro repertorio de respuestas, es decir, atrevernos a conducirnos

como creemos que es más adecuado para la situación. En el tartamudeo se da

la condición, común a otros muchos problemas, de que hay que hacer algo

porque, está claro que, si no, no se pronunciará, de aquí la propuesta de Van

Riper de ir cambiando la forma de tartamudear para avanzar hacia una forma

que implique mucho menos esfuerzo y que, por lo tanto, será más fluida y

sencilla que la actual.

Como desensibilizar.

En el proceso de desensibilización se trata de que la ansiedad disminuya, y se

compruebe y se sienta esa disminución. Por eso es importante empezar

enseñando al tartamudo a distinguir su nivel de ansiedad, reconociendo la

emocionalidad negativa que tiene en cada momento, para poder realizar la

exposición de forma gradual y mantener la situación el tiempo necesario hasta

que la ansiedad baje y se vaya dando la habituación. El habla es un barómetro

tan bueno como otro cualquiera de los sentimientos del paciente. Algunos se

han referido a la ratio "no-ah", al tono, intensidad y variaciones de calidad

mostradas por el tartamudo en sus momentos de fluidez como índices de su

nivel de ansiedad.

Los tartamudos afirman que, a lo largo de toda su vida, no han tenido más

remedio que enfrentarse a las situaciones temidas. Lo hacen todos los días y

no les ha servido para nada. Pero la exposición terapéutica es algo más, ya

que consiste, efectivamente, acudir a las temidas, pero dejando, además, de

dar las respuestas de evitación, aplazamiento, etc. Se trata, no solamente

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buscar y acudir a las situaciones temidas, sino hacerlo de una forma diferente,

yendo a dar el mensaje como sea, aunque sea quedándose parado en un

bloqueo. Cuando no se hace terapia se va a una situación temida con la

intención de salir corriendo, de no hablar, si no es estrictamente necesario, de

pasar totalmente desapercibido, de acabar cuanto antes, etc. Cuando se hace

terapia se va con intención de hablar, de que se note que se tartamudea, de

decir todo lo necesario, aunque sea tartamudeando, de no salir corriendo, etc.

En la exposición terapéutica se busca el riesgo de forma controlada.

Efectivamente, el enfrentamiento tal y como lo ha estado haciendo el tartamudo

hasta el momento no da ningún resultado. Ha estado en las situaciones en las

que ha tenido miedo a hablar miles de veces, pero siempre intentando no

tartamudear y salir de ellas lo más rápidamente posible. Para ello ha estado

realizando todas las conductas de evitación, aplazamiento, comienzo, etc. en

sus intentos desesperados de controlar su habla y su ansiedad y ha

maniobrado para que la situación dure lo menos posible. En la modificación de

estos aspectos reside el cambio que convierte en terapéutica la exposición.

Para que la exposición sea terapéutica tiene que dejar de realizar esas

respuestas y se tiene que enfrentar a la situación sin intentar escapar de ella,

asumiendo todo el riesgo que tiene de bloquearse, e ir atreviéndose a no

emplear muletillas, ni cambiar palabras, a acabar las frases, etc. etc.

Ante este planteamiento es clara la ventaja que tiene hacer la exposición de

forma escalonada, de tal manera que se vaya teniendo la experiencia de los

resultados que se obtienen cuando se asume el riesgo.

La experiencia más revolucionaria del manejo de la ansiedad es cuando,

primero en la consulta, dejan de hacer cualquier esfuerzo adicional al propio del

habla para salir del bloqueo y comprueban que se produce el desbloqueo por sí

mismo, que la sensación de fluidez por la que tanto han luchado llega sola

finalmente cuando se deja la lucha. Para ello es preciso atreverse a no hacer

absolutamente nada extra cuando se está en el bloqueo y por supuesto darse

todo el tiempo necesario para que ocurra. Como metáfora que explica este

hecho, sirve de muestra cuando nos movemos teniendo puesto el cinturón de

seguridad de un coche. Si hacemos el esfuerzo justo con la velocidad

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adecuada, nos podemos mover libremente, pero si vamos deprisa el cinturón

nos bloquea y quedamos bloqueados. Para salir del bloqueo hay que dejar de

hacer fuerza y ejercer solamente la justa para movernos, sin correr. Si para

salir hacemos más fuerza de la debida, tirando hacia delante el cinturón nos

retendrá aún con mayor empeño.

Los componentes de la ansiedad.

Una metáfora que explica el significado de la exposición, es la de hacerse

amigo de la ansiedad. Para hacerse amigo de una persona hay que cultivar su

amistad, es decir, dedicarla tiempo, conocerla, no rechazarla, dejarla que llegue

a nosotros y que se muestre tal y como es, con todas sus capacidades, para

ello tenemos que dejarle la libertad de realizar sus deseos y que campe por sus

respetos, que pueda mostrarse plenamente como es, sin ponerle cortapisas en

su acción, conocer que quiere hacernos, que es realmente capaz de realizar y

dejárselo hacer. Como elemento muy importante del conocimiento de los

amigos está saber lo que dicen que hacen y distinguirlo de aquello que hacen

realmente, los hay que son un poco faroleros y cumplen aquello de que "del

dicho al hecho hay mucho trecho". La ansiedad es catastrofista, pero sus

negras predicciones no siempre se cumplen.

La ansiedad como toda respuesta humana se puede contemplar desde los

distintos ángulos que se consideran clásicamente en psicología, el cognitivo, el

conductual y el emocional. Hay que aclarar que no se trata de componentes

independientes, sino de distintos puntos de vista del mismo fenómeno. Por eso,

si se comienza estudiando las cogniciones, es decir, los pensamientos, se verá

que se asocian a emociones y sensaciones y que ambos, pensamientos y

emociones, tienen la misión de favorecer la emisión de las conductas. Si se

observa el proceso desde la conducta se ve que se tiene que dar una

preparación emocional y cognitiva para realizarla y si se hace desde el punto

de vista emocional se comprueba que las emociones son preparaciones para

actuar (Frijda, 1986) que conllevan asociados pensamientos y sensaciones.

El componente cognitivo: Los pensamientos automáticos

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El componente cognitivo de la ansiedad en el tartamudeo lo constituyen los

pensamientos de que se aproxima la catástrofe y que es necesario hacer

cualquier cosa para evitarla.

La cualidad de estos pensamientos es que no son ni explícitos ni nítidos ni

completos. Esta falta de claridad se debe, en parte, al proceso de

automatización que empleamos los humanos cuando pensamos. Ya que

cuando hemos tenido un pensamiento muchas veces, cada vez vamos

resumiendo más y más su contenido, para ir ahorrando tiempo y energía. En

este proceso llegamos a dejarlo en una frase, un sonido o una imagen que

producen el mismo efecto que el pensamiento completo y cumple su función de

prepararnos a actuar; finalmente puede llegar a automatizarse del todo y no

nos damos cuenta de que lo hemos pensado, salvo por la sensación que nos

aparece sin que hayamos sido conscientes de ningún pensamiento.

Para desactivar los pensamientos automáticos, es preciso primeramente

identificarlos. Normalmente basta fijarse en la sensación que producen y

preguntarse que nos quiere decir, la respuesta va siendo el pensamiento

original. Para realizar este proceso se pueden seguir las indicaciones de

Bandler y Grinder (1980) que intentan concretar, eliminando palabras ambiguas

(algo, esto, etc.), cuantificadores universales (siempre, todo, nunca, etc.),

construcciones de frases no claras o incompletas...

Cuando se ha obtenido el pensamiento completo se puede hacer un primer

análisis de contenido para saber si es lógico o no y si responde o no a la

realidad actual. Beck (1975) fue el descubridor de la importancia de los

pensamientos automáticos y creó la terapia cognitiva, que tiene como base el

análisis lógico de los pensamientos automáticos. Beck, realiza un análisis de su

contenido, partiendo del punto de vista de que la patología se desarrolla debido

a los pensamientos ilógicos o erróneos y que basta cambiarlos por otros

verdaderos y lógicos para que se dé la mejora.

En la práctica clínica se encuentran casos en los que el pensamiento

automático es ilógico y se puede cambiar acudiendo solamente al análisis de

su contenido, son esquemas automatizados que se mantienen exclusivamente

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por su característica de ser inconscientes y basta hacerlos explícitos para que

se desactiven; pero por desgracia no todos los pensamientos automáticos que

queremos cambiar son ilógicos y, aunque lo fuesen, muchas veces somos

conscientes de que no tienen sentido, pero no por ello desaparecen.

La Terapia de Aceptación y Compromiso considera los pensamientos como

conductas asociadas a nuestro comportamiento cotidiano y señala con acierto

que están también sujetos a las leyes del condicionamiento. Por eso los

pensamientos irracionales pueden mantenerse por sus contingencias de

reforzamiento, es decir, porque nos sirven para evitar o están reforzados por

nuestra conducta, y se mantienen por ello y no solo por su lógica interna.

Hayes et al (1999) señalan también otro fenómeno que mantiene y da fuerza a

pensamientos que son dañinos para la persona y es la creencia en la literalidad

del lenguaje. Tomar el lenguaje en sentido literal significa que no se distingue la

diferencia entre el contenido del pensamiento y la realidad que refleja, es decir,

cuando reaccionamos a un pensamiento como si fuera un hecho real que ha

ocurrido. En casos concretos es fácil distinguirlo, si hablamos de una silla, por

muy bien descrita que esté, no podemos sentarnos en ella. El rechazo que

muchas veces siente el tartamudo en la comunicación es un buen ejemplo de

cómo funciona la literalidad del lenguaje. En una conversación puede surgir un

pensamiento de que hablando como se esta haciendo no se va a poder

mantener la conversación y el otro se va a aburrir y a sentir pena cuando

observa los atascos y la lucha para hablar. Si se actúa como si fuera cierto, es

decir, creyendo que no se puede seguir con la comunicación y que el otro se

está aburriendo y sintiendo pena, lo más probable es que se abandone la

conversación lo más rápidamente posible, y se hace realidad el pensamiento

que hasta ese momento era sólo un conjunto de palabras, porque ocurre el fin

de la comunicación debido al tartamudeo.

Para desactivar la literalidad del lenguaje hay que distinguir dos partes en el

pensamiento emocional. Una parte es una predicción catastrofista del futuro

que nos espera, que nos suele dar mucho miedo, en el ejemplo, es que el otro

va a aburrirse o a sentir pena. Esta parte puede ser razonable y probable, pero

no es un hecho y nadie asegura que el otro esté sintiéndose mal. La segunda

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parte del pensamiento nos dice como debemos comportarnos para evitar el

sufrimiento ante el hecho cierto del rechazo, en el ejemplo, cortar la

conversación e irnos. Cuando seguimos estas indicaciones es cuando estamos

creyendo en su literalidad y cuando lo convertimos en realidad.

Por eso el pensamiento de que se va a producir un atasco genera por sí mismo

ansiedad, aunque se tenga en la soledad del dormitorio, porque reaccionamos

al pensamiento como si lo que nos dice hubiera ocurrido ya o fuera a ocurrir de

inmediato.

En la Terapia de Aceptación y Compromiso se emplea la metáfora del autobús

para describir la función de los pensamientos:

En la vida vamos conduciendo un autobús por la carretera que lleva hacia

nuestras metas y con el motor de nuestros valores. Llevamos unos pasajeros

revoltosos, que son nuestros pensamientos, sentimientos y emociones. Todos

ellos son catastrofistas: "si sigues ese camino vas a sufrir mucho", "te vas a

estrellar", "vas a tener un accidente", "te vas a atascar", "se van a reír de ti". Y

además nos dicen implícitamente: "tuerce ya", "haz lo que sea para evitarlo".

Tenemos varias alternativas:

1. Discutir y decirle que se calle. Como ya se ha mencionado, no

se puede dejar de pensar en algo, es decir, no podemos callar

el pensamiento, y, además, podemos perder de vista nuestra

carretera y tener un accidente o chocar.

2. Hacerle caso y torcer. Pero no llegaremos nunca a donde

queremos ir.

3. Escuchar su amenaza pacientemente y no hacerle caso a las

acciones que nos propone para evitarla, es decir, no torcer. No

podemos dejar de escucharle porque chilla mucho, pero se

trata de seguir conduciendo por la carretera por la que

queremos ir. De esta forma nos habituaremos a la ansiedad

que nos provoca su amenaza. Finalmente, si durante mucho

rato no le hacemos caso, el pasajero molesto se sentará

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tranquilo en el fondo del autobús, aunque de vez en cuando

volverá a darnos la lata.

Cuando se analizan los pensamientos asociados a la ansiedad en los

tartamudos se pueden distinguir los dos componentes mencionados. Por una

parte el pensamiento adelanta para el sujeto una catástrofe que es posible, e

incluso probable que se dé. Por ejemplo "te vas a bloquear", "vas a parecer

impresentable", etc. Existe otro componente, a veces no tan claramente

expresado, que le propone hacer algo, o dejar de hacerlo, para evitar el

desastre, por ejemplo, "busca otra palabra", "esfuérzate al máximo", "date

prisa", etc. o "cállate", "no vayas", "vete", etc. En el proceso de automatización

se suele obviar, por considerarla lógica, y de deducción obligada, una de las

partes y por ello es más difícil hacerla explícita, es decir, si se le pregunta por la

sensación que tiene puede decir "voy a parecer impresentable"; pero también

está pensando en evitarlo a toda costa; o puede sentir "tengo que esforzarme a

lo bruto" e implícitamente está pensando que va a hacer el ridículo.

Una de las reacciones del sujeto ante este tipo de pensamientos, encarnados

en una sensación, es evitarlos, echarlos de la cabeza y del cuerpo, intentar

distraerse en otras cosas. Otra reacción lógica es discutir la realidad del

contenido, diciéndose que es mentira que no se va a dar tal catástrofe, que no

siempre ocurre, que no tiene por qué; pero con esta discusión no se va la

ansiedad ni las sensaciones y la lucha tiene que continuar.

La lucha y el intento de control de los pensamientos asociados a la ansiedad

producen la reacción paradójica de aumentar su probabilidad, de forma que

cuanto más queremos echarlos más aparecen; cuando no queremos pensar en

ellos, ahí están; cuando decimos "¡qué bien! hace dos horas que no pienso en

ello", el pensamiento se hace presente (Wegner, 1994, ver también Wenzlaff,

2000).

El afrontamiento de estos pensamientos se puede hacer a través de la

exposición; que se realiza, lógicamente en la imaginación. Se trata de escuchar

su predicción, pero sin hacerles caso en la acción que nos sugiere. Tenemos

que aceptar la posibilidad de que la catástrofe que predicen sea cierta,

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arriesgándonos a no hacer nada para evitarla. De esta forma llegaremos a la

habituación y el pensamiento dejará de producirnos ansiedad. Entonces se

convierte en un pensamiento menos importante, pierde su literalidad, porque lo

que predice no se cumple siempre, y podremos continuar nuestra vida

pensando, además, en otras cosas más rentables y menos ansiógenas.

Las sensaciones físicas

Asociadas a la ansiedad aparecen sensaciones físicas concretas, por ejemplo

presión en el pecho, tensión en manos o piernas, bola en el estómago, nudo en

la garganta, etc. En el caso del tartamudeo muchas de ellas son parte de la

reacción que se tiene para esforzarse en hablar. Son sensaciones

desagradables y por eso tendemos a ignorarlas y a intentar quitárnoslas.

Aparecen entonces cadenas de respuestas. Por ejemplo, si sentimos un nudo

en el estómago podemos tensarlo y cortar la respiración para dejar de sentirlo.

Se establece de esta forma una serie de sensaciones físicas que por una parte

son reacciones ante la ansiedad, pero por otra son ansiógenas en sí mismas,

por eso puede ser muy importante desensibilizarlas. La técnica de aceptación

de sensaciones (García Higuera, 1992) nos será de gran utilidad para este fin.

La experiencia de cómo nos habituamos a una sensación física desagradable

puede ser un buen elemento para comenzar a tener la confianza necesaria

para realizar las exposiciones.

En el Anexo se expone con detalle un conjunto de instrucciones que se pueden

dar en un ejercicio para enseñar el proceso de aceptación de sensaciones.

Sensaciones emocionales

Asociadas a la ansiedad existe también otro tipo de sensaciones con un

componente físico, que se encarnan en el cuerpo, pero de una forma más

indefinida, más difusa y más general. Son sensaciones globales que nos dan

una idea de nuestro estado general y en este sentido están por debajo o por

encima de las sensaciones físicas mencionadas en el apartado anterior. Están

relacionadas con la actitud como preparación a la acción (Bull, 1951). Se

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pueden tratar, desde un punto de vista experiencial por medio del focusing

(Gendling, 1983).

El focusing es una técnica que auxilia en la aclaración, aceptación y

modificación de estas sensaciones. Tiene un componente de exposición a la

sensación potenciando que se la acepte y, además, propone que se interprete

lo que quiere decirnos. Utilizando esta técnica podemos relacionarnos con este

tipo de sensación con dos características sin dar ninguna conducta de

evitación, y analizando los pensamientos que están detrás, pero siempre sin

discusión y dejando que la sensación evolucione, es decir, descubrimos

también el pensamiento automático que está debajo de ella. Este proceso nos

llevará a entender nuestros sentimientos y también habituarnos a ellos sin tener

que hacer nada para quitárnoslos.

El libro de Gendling (1983) describe claramente la técnica en forma de

autoayuda. Aquí se resumen los pasos que la componen:

Cuando estamos ante un problema y ya hemos pensado en él y hemos

intentado resolverlo, con éxito o no, nos deja una sensación general, que

Gendlin llama sensación sentida.

1. El primer paso es hacer un lugar para sentir, dejando a un lado

los pensamientos y la racionalidad dándonos cuenta de lo que

sentimos.

2. Se trata de identificar la sensación que está por encima (o por

debajo) de todas las sensaciones físicas, las engloba a todas y las

uniformiza marcándonos un sentimiento único. Es como la sensación

que va más allá que las sensaciones físicas concretas que tenemos,

es más general que ellas, con menos ubicación corporal, aunque

muchas veces se sienta en el centro del cuerpo, otras se siente en la

cabeza, y la mayoría en ningún lugar determinado.

3. Una vez sentida, se trata de conseguir un medio para anclarla,

para relacionarnos con ella, puede ser una palabra, una frase, una

imagen, un sonido, etc. Cuando no se nos ocurre dejamos nuestra

mente libre y pronto acudirá a ella lo que nos evoca la sensación. Lo

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probamos y chequeamos, y poco a poco podremos irlo concretando y

enfocando con más detalle.

4. Después se la deja resonar, es decir, repetimos y mantenemos

aquello que la evoca y la dejamos evolucionar hasta que cambie la

sensación libremente.

5. Esperamos a que se produzca el cambio, que lo hará

indefectiblemente. Lo notaremos en un cambio de la sensación

sentida. Puede tardar unos minutos o mucho más tiempo, es cuestión

de paciencia.

6. Identificamos nuestra nueva sensación sentida y nos

relacionamos de nuevo con ella.

7. Antes de resonar de nuevo, paramos y nos tomamos

conciencia de los cambios que han ocurrido y que significan las

variaciones que hemos experimentado.

Es un ejercicio muy útil para saber qué emociones y qué sentimientos ha

despertado una situación pasada, de bloqueo o traumática, o simplemente la

sensación que se tiene casi constantemente cuando se va a hablar o

simplemente a pensar en ello. También se puede aplicar para identificar y

aceptar las emociones que despiertan en nosotros una situación que tenemos

que enfrentar en el futuro. Este tipo de sensaciones se tratarán con más detalle

en el apartado de la ansiedad anticipatoria.

Algunas ideas acerca de cómo llevar a cabo la exposición

Hay que volver a resaltar la importancia de que el tartamudo paulatinamente

vaya dejando de realizar las conductas de evitación, aplazamiento, etc. durante

la exposición, porque son las que mantienen la ansiedad. Muchas veces le es

muy difícil dejar de hacerlo, en ese caso la exposición sigue siendo válida,

siempre que continúe enfrentándose al estímulo temido. La habituación tardará

más en darse, el proceso será más doloroso y se dará solamente con relación

a las respuestas de evitación que se dejen de hacer; podremos vivir sin ellas,

porque el cuerpo aprenderá finalmente que se va a seguir adelante con la

situación temida con la eliminación de la evitación.

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En los que evitan más crónicamente las situaciones y palabras que le dan

miedo da buen resultado la inundación. Se le insiste en recoger palabras

tartamudeadas y se le pide que tartamudee en todas ellas durante una hora,

primero simulando el tartamudeo y luego haciéndolo realmente. Cuando se

simula, normalmente, ocurre que cuando empiezan lo pueden hacer de forma

falseada, pero de inmediato entra en juego la ansiedad, las respuestas se

hacen involuntarias y el tartamudeo se vuelve genuino. Van Riper propone que

después de hacer esta exposición reciba un refuerzo, por eso se tiene que

hacer antes de comer, ir a la cama o recibir la aprobación del terapeuta.

Sobre la duración de una sesión de exposición, para que sea efectiva, es muy

conveniente que la ansiedad disminuya antes de finalizar la sesión, para ello se

necesitará un mínimo de 45 minutos y es aconsejable dedicar al ejercicio hasta

una hora y media. Hay que tener en cuenta que el proceso de habituación nos

enseña que dos horas seguidas es mucho mejor que una hora dos días y con

mayor diferencia si las horas se hacen más separadas en el tiempo. Para

asegurar que el proceso sea terapéutico, como se ha dicho, es preciso que en

la sesión baje la ansiedad. Si no baja, es que se están dando conductas de

evitación no controladas, porque el fenómeno de la habituación es una ley

psicológica general.

Van Riper propone aproximaciones más ligeras:

Una consiste en recoger todas las palabras tartamudeadas durante un

periodo, luego se las mezcla con otras en las que no ha

tartamudeado y se le hace leerlas en público por un altavoz. Cuando

va a llegar a la palabra temida se quita el volumen durante 5

segundos, luego puede tartamudearla sin miedo.

Otro método es hacer repetir la palabra tartamudeada hasta que la dice

sin tartamudear de 3 a 5 veces.

También ayuda comenzar hablando bajo y subir luego la intensidad.

Un ejemplo de exposición en la imaginación

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A continuación se pone un ejemplo de las instrucciones que se pueden dar

para hacer una exposición en la imaginación. Hay que tener en cuenta que es

difícil hacerlo solo, porque el miedo y las conductas de evitación son muy

fuertes y que la ayuda terapéutica puede ser fundamental para el éxito de las

exposiciones.

Supongamos una situación temida en la que el tartamudo teme que un cliente,

al ver su tartamudeo, pensará, o ya ha pensado que es un impresentable. Si

solamente pensar en esa posibilidad, le pone nervioso, es la ocasión para

hacer una exposición en la imaginación. Para ello, se busca un lugar tranquilo

en el que se tenga la seguridad de que no se va a ser interrumpido durante

mucho tiempo, recuérdese lo dicho sobre la duración mínima y recomendada

de las exposiciones (mínimo 45min y recomendado hora y media). Colocado

cómodo y lo más relajado posible se define con detalle la situación: quien es el

cliente X, en que lugar se estaba, que tartamudeo se hace, y se define con todo

detalle lo que ha podido pensar el cliente: por ejemplo, "este es un

impresentable", si es posible se rememora o imagina el gesto que ha hecho o

que ha estado a punto de hacer. No se trata de determinar el pensamiento que

ha ocurrido, porque no se sabe. Tampoco se trata de discutir si ha pensado

realmente eso o no. Es probable que ni se le haya pasado por la imaginación y

que solamente sean miedos y estén en la mente del tartamudo, pero son,

justamente, a los que hay que enfrentarse.

Hay una metáfora que explica claramente qué son esas discusiones y nuestro

papel en ellas. Cuando surge un pensamiento malo que nos causa miedo,

tendemos a discutirlo sacando pensamientos buenos y alternativos para

contrarrestarle y echarle de nuestra cabeza, estableciendo una lucha contra él

con toda nuestra energía. Convertimos de esta forma nuestra cabeza en un

ring de la lucha libre americana que ponen en la TV. Dos equipos de

luchadores, uno de ellos malo, y el otro bueno, se enfrentan en el cuadrilátero.

Aparentemente se hacen daño, pero en realidad no es así. Además, cuando

uno de los contendientes parece vencido, reacciona con renovadas fuerzas o

salta al ring otro de su equipo y continúa la lucha. En los pensamientos hay un

equipo malo, que está diciendo lo terrible que te va a pasar si no haces nada, el

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equipo bueno son los pensamientos que discuten con él y salen a acallar a los

malos. La lucha puede continuar incesantemente. Nos identificamos con el

equipo bueno, que es quien nos va a salvar, pero también somos el equipo

malo. El problema es que sobre todo somos el ring, que es quien recibes todos

los golpes y sobre el que se dejan caer con todo su tremendo peso los

luchadores desde alturas importantes. La verdad es que los luchadores no se

hacen daño entre ellos. Pero ¿qué hacemos si no sacamos al equipo bueno?

El equipo malo estará en el ring, le darán por ganador, y nos hará mucho daño;

pero realmente, al no tener con quien luchar, se tendrá que ir. Antes

fanfarroneará y tendremos que escuchar todas sus amenazas y fantasías y sus

retos para que salga el equipo bueno; pero si este no sale, tendrá que irse y

cuando desaparezca el ring no habrá recibido ningún golpe importante, aunque

haya pasado mucho miedo.

Una vez definido con todo detalle el contenido del pensamiento malo, se

mantiene la imagen de la situación que describe, por muy desagradable que

sea, mientras se repite constantemente la frase que refleje exactamente lo que

se teme que el cliente X haya pensado, por ejemplo, "X piensa que soy un

impresentable".

Para mejorar la concentración, se puede sincronizar la pronunciación de la

frase con la respiración, de forma que se piensa cuando entra el aire y dice en

voz alta cuando sale. Se aceptan las sensaciones que aparezcan (ver ejercicio

del anexo), dejándolas que crezcan y que aumenten en toda su potencia, sin

oponerse a ello, es decir, sin moverse, ni tensarse y sin acelerar la respiración.

Si la sensación baja y se hace más llevadera, no por ello se cambia el

pensamiento ni la imagen, se sigue así hasta que se produzca la extinción y se

sienta relajado.

Siempre que la situación elegida produzca ansiedad, es fácil concentrarse en

ella. Cuando va transcurriendo el tiempo puede ser cada vez más difícil

concentrarse, cuando se da cuenta de que se ha distraído se vuelve de nuevo

a la imagen y la frase, sin reproches, sabiendo que es normal en el proceso de

exposición. La distracción puede llevar al extremo de dormirse, también se

tiene que considerar una reacción norma. Las distracciones, generalmente, son

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indicios de que se va produciendo la habituación a la ansiedad, cuando

tenemos miedo a algo, es muy difícil quitárnoslo de la cabeza.

Momentos ideales para hacer este tipo de trabajo terapéutico son, o bien

cuando se acaba de dar el problema o bien cuando se prevé que se va a

enfrentar en un futuro próximo y se está preocupado por ello. La preocupación,

tanto previa como posterior, indican que el pensamiento está presente y con

fuerza.

Es muy importante no abandonar, aunque las sensaciones sean muy fuertes.

El apoyo de alguien con confianza y conocimiento de la técnica es muy

importante en las primeras veces que se hace.

Para que la exposición sea efectiva es preciso que se dé una disminución de la

ansiedad, si se abandona antes se está reforzando las conductas de evitación

y se está perdiendo una oportunidad de sentir la habituación en un tiempo

corto.

Se recomienda la consulta en el caso de que no se haya sido capaz de

soportar las sensaciones que se producen o cuando no se ha producido la

extinción en un tiempo más que prudencial. En ambos casos el análisis por un

experto de lo que se está haciendo es determinante para el éxito.

Intención paradójica como inundación

La intención paradójica es una técnica proveniente de otras orientaciones de la

psicología. Consiste en indicar al paciente que en lugar de evitar la situación

que realice conscientemente todas las conductas para que aquello ocurra.

Desde el punto de vista cognitivo conductual es una inundación, porque se

enfrenta al estímulo sin realizar las conductas de evitación.

En el caso del tartamudeo se le plantea la intención paradójica a través de una

instrucción en la que se le pide que tartamudee conscientemente mas allá de

cómo lo hace normalmente, de esta forma conseguirá tartamudear menos de lo

ordenado. En esta forma de inundación el tartamudo aprende a desconfiar de

las expectativas del terapeuta y de las suyas también.

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Tratamiento cognitivo - conductual de la agorafobia

Diagnóstico

La agorafobia es un trastorno de ansiedad que puede aparecer o no asociado

con ataques de pánico. Se caracteriza por una gran ansiedad que se da en

distintas situaciones, en general en sitios públicos, que se acompañan con

conductas de evitación que reducen el malestar. El DSM IV y la CIE 10

incluyen sus criterios diagnósticos.

Tratamiento básico

Existen varios tipos de tratamiento de la agorafobia. Los más estudiados y

contrastados experimentalmente son el farmacológico y el cognitivo conductual.

El cognitivo conductual muestra como ventaja sobre el farmacológico que

permanece después de cesar la administración, mientras que el que se

restringe a la medicación pierde sus efectos cuando cesa la toma de

medicación (Echeburúa y Corral, 1992). También se pueden emplear de

manera conjunta, aparentemente con ventajas en los resultados que se

obtienen, aunque los resultados de la terapia combinada aún están en estudio.

En un resumen muy escueto, el tratamiento cognitivo conductual de la

agorafobia se basa en el entrenamiento de las habilidades necesarias para la

posterior autoexposición gradual programada del paciente a las situaciones

temidas. (Para más detalle ver: Echeburúa y Corral, 1992; Craske y Barlow

1993, Barlow, 1997).

Cuando existen ataques de pánico asociados hay que realizar primeramente el

tratamiento de este trastorno para que la exposición a las situaciones temidas

sea adecuada. En ese caso la exposición a estímulos interoceptivos (a las

propias sensaciones de miedo) empleando las técnicas corporales es

altamente efectivo (Beck J. G. et al. 1997, Craske, 1997); estas técnicas están

expuestas con detalle y con ejercicios guiados en CD para poder realizarlas en

Curso Terapéutico de Aceptación.

Uno de las dificultades que el psicólogo tiene que salvar para poder llevar a

cabo el tratamiento es que el planteamiento de la terapia es contrario a lo que

aparentemente afirma la lógica. En efecto, mientras que parecería que si

sufrimos tenemos que evitar a toda costa el sufrimiento, el tratamiento, basado

en la lógica científica, afirma que es enfréntandose a lo que se teme, incluidas

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las propias sensaciones, como se consigue superar el problema. Dentro del

marco cognitivo conductual, la Terapia de Aceptación y Compromiso establece

el marco adecuado para que el paciente comprenda la necesidad de ese

enfrentamiento para poder vivir de acuerdo con sus objetivos y valores, que

son los que dan sentido a su vida, en lugar de centrar toda su actividad en la

evitación de la ansiedad, lo que restringe y limita la vida a cuatro paredes.

Para profundizar en la filosofía de la Terapia de Aceptación y Compromiso se

puede consultar El Curso Terapéutico de Aceptación que plantea, además, un

aprendizaje graduado de técnicas básicas para realizar la exposición a los

estímulos internos.

Resultados y problemas en el tratamiento

El tratamiento cognitivo conductual se ha mostrado eficaz en un porcentaje

entre el 65% y el 75% de los pacientes que acaban el tratamiento (Echeburúa y

Corral, 1992), aunque a ello hay que añadir una tasa que oscila entre el 10% y

el 15% de abandonos o rechazos del tratamiento. En todo caso se ha mostrado

superior a otros tratamientos como el farmacológico.

Está claro que es preciso establecer nuevas estrategias para mejorar la

eficacia del tratamiento. La Terapia de Aceptación y Compromiso (Hayes y

otros, 1999; Wilson y Luciano, 2002) acelera el proceso y aumenta el número

de personas que acaba la terapia.

En el tratamiento se plantean dos tipos de problemas que pueden ser

solucionados y que ayudarán a mejorar la eficacia. Por una parte está el miedo

al miedo que es inherente a los ataques de pánico, pero que de alguna manera

está presente en todas las agorafobias. Por otra parte están los problemas que

presentan algunos pacientes para seguir la exposición gradual que se ha

pactado, pese a saber y creer que así solucionarán el problema puesto que ya

han conseguido algunos avances. Por eso se añaden al tratamiento, cuando es

necesario algunas técnicas adicionales.

Técnicas adicionales

Miedo al miedo: exposición a estímulos interoceptivos.

Dentro del entrenamiento para la consecución de técnicas de manejo de la

ansiedad que permitan la exposición gradual y efectiva se pueden incluir las

técnicas corporales que entrenan en el manejo de los estímulos propioceptivos

relacionados con la ansiedad.

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Ya Clark (1989) señaló el papel que jugaba la respiración en el mantenimiento

de la agorafobia y actualmente se considera que el entrenamiento en

respiración es una ayuda importante para el paciente en sus duras tareas de

exposición. La experiencia clínica indica que el entrenamiento en técnicas

corporales, y no solamente en una respiración adecuada, puede jugar un papel

importante y efectivo en el tratamiento. De hecho los pacientes agorafóbicos

están muy preocupados por los síntomas corporales y en general por todo lo

que pueda ocurrir en su cuerpo; están atentos buscando cualquier indicio que

pueda señalar un problema que les lleve a la pérdida de control o a la muerte.

Cuando mejoran el manejo de su cuerpo y aprenden otra forma de relacionarse

con sus estímulos propioceptivos, la aplicación de los pasos necesarios para la

exposición a las situaciones temidas se hace más fácil.

Las técnicas corporales que se exponen en (García Higuera, 1992) son una

ayuda inapreciable en este trabajo puesto que permiten un avance rápido y

mejoran las probabilidades de éxito, puesto que permiten asociar la exposición

a las sensaciones corporales con técnicas que son intrínsecamente relajantes

con lo que se consigue que la misma exposición sea una técnica que permite el

manejo de la ansiedad. Existe un curso en el que se trabajan estas técnicas

concretas desde el punto de vista de la Terapia de Aceptación y Compromiso y

que ayudan al paciente para realizar las exposiciones, tanto a los estímulos

interoceptivos como a las situaciones temidas .

Análisis y modificación de los esquemas automáticos subyacentes

Otro problema que se encuentra en la práctica clínica es el seguimiento de los

planes pactados con el paciente, encuentra excusas para no hacerlo, aunque

sepan y hayan experimentado que pueden pasar la situación con una ansiedad

que será soportable. No son excusas fundadas en impedimentos objetivos,

entran en juego razones no siempre explícitas que se disparan de forma

automática en el paciente y le impiden avanzar en el tratamiento. Estas

razones se pueden interpretar en clave operante como refuerzos o ganancias

secundarias que le llevan a mantener el trastorno. Una visión en la misma

línea, pero más detallada y profunda y que permite un acercamiento al

tratamiento más eficaz es verlo como activaciones de esquemas automáticos

aprendidos en la infancia (Young, 1997) y que se disparan automáticamente,

es decir, inconscientemente.

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Encontrar estos esquemas no parece una tarea sencilla, aunque existen

algunas técnicas muy efectivas y rápidas (García- Higuera, en preparación).

Modificarlos es algo más costoso en tiempo y complicado. Son esquemas que

le han servido al paciente para resolver sus problemas en el pasado y que han

sido eficaces, por eso se han perpetuado. El paciente no se pregunta si es

posible solucionar los problemas de otra forma que sea más efectiva que la que

emplea y que no tenga sus secuelas de dolor o ansiedad.

En el cambio y modificación del esquema se pueden presentar distintas

situaciones:

· A veces, en su historia y evolución, el paciente ya ha aprendido a

solucionar las cosas de manera diferente a como lo hacía en la infancia

o adolescencia, cuando se fijó el esquema. Pero el esquema es

automático y se dispara en las situaciones similares a las que se

estableció, que en general son de alto estrés por lo que predomina en

ellas la conducta mejor establecida que en general suele ser la más

antigua; por eso se inicia automáticamente sin control consciente por

parte del paciente. Por eso hacerlo consciente y volver a construir como

podría haber sido su vida si se hubieran solucionado los problemas de

otra forma es un trabajo que sirve para afianzar el cambio y hacerlo más

general. Reconstruir la vida no supone reprocharse nada, sino ver que

con nuestras capacidades actuales los problemas los habríamos

resuelto de otra manera con lo que la preparación para resolverlos como

lo habíamos hecho entonces no sirve para nada.

Así cambian la actitud, concebida como preparación a la acción (Frijda,

1969) y el estado de ánimo que es consecuencia del mantenimiento de

las emociones. Se aprende que los esquemas que hemos incorporado a

nuestro comportamiento disparan actitudes y preparaciones a la acción

que conllevan ansiedad, sufrimiento y no son tan efectivas como las que

sabemos emplear ahora. Cuando se detectan los esquemas se pueden

modificar y realmente la vida se convierte en algo más agradable.

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· Cuando el paciente todavía no ha aprendido otras alternativas para

solucionar el problema, y lo sigue haciendo de la manera que lo ha

hecho siempre, es preciso realizar en la terapia el cambio de la conducta

para que experimente que efectivamente hay otras soluciones más

efectivas y menos dolorosas. Es entonces cuando se puede aplicar el

paso anterior y reconstruir de nuevo su vida desde la nueva perspectiva.

Las relaciones sociales

Las relaciones sociales de las/os agorafóbicas/os se ven muy afectadas por su

problema. Por una parte no salir y no poder ir solos a muchos sitios restringe

las posibilidades de poder estar con gente y su vida social se va reduciendo de

forma notable. Por otro lado se ven obligados muchas veces a establecer una

dependencia tremenda de una persona allegada, porque a gran parte de los

sitios no pueden ir sin compañía. Por eso desarrollan habilidades especiales

para conseguir compañía y manejar a las personas que los quieren..

En algunos casos puede ocurrir que se estén manteniendo las relaciones por

no perder la compañía. Entonces la trampa es tremenda, pensar solamente en

romper la relación la genera una gran ansiedad; pero continuarla la pone

igualmente ansiosa.

El terapeuta tiene que estar atento a este proceso, porque cuando mejoran sus

posibilidades de movilidad y aprende a enfrentarse al miedo y a la ansiedad,

tienen que replantearse sus relaciones personales desde esta nueva

perspectiva y ambos miembros de la pareja aceptar la nueva situación.

Origen de la agorafobia

Macaurelle, R.; Belanger, C. Marchand, A. (2003). Marital relationship and the

treatment of panic disorder wit agoraphobia: a critical review. Clinical

Psychology Review. 23, 247-276

Quizás debido al citado deterioro de las relaciones de pareja asociado a la

agorafobia se ha especulado con la afirmación de que su origen se puede

asociar a la aparición de problemas graves en las relaciones de pareja. Sin

embargo, los estudios recientes afirman que, si bien el desencadenante del

problema puede estar relacionado con un suceso muy estresante, los

problemas de pareja no tienen por qué ser precisamente los más frecuentes,

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aunque si sean relativamente habituales. Por el contrario se ha observado que

una buena relación de pareja supone un buen pronóstico en el tratamiento.

Que el desencadenante esté en un suceso estresante anterior se puede

explicar porque al estar sometido a un fuerte estrés las sensaciones se hacen

mucho más desagradables y cualquier incremento de la ansiedad puede saltar

el umbral de la tolerancia y activar alarmas, porque hasta entonces las

sensaciones habían sido soportables. Se dispara entonces una lucha contra el

sufrimiento intentando controlar las sensaciones apareciendo conductas de

control del cuerpo como hiperventilación, tensión, disociaciones, etc. Como las

sensaciones no son controlables, el esfuerzo incrementa la ansiedad de forma

muy importante de manera que se puede desencadenar un ataque de pánico.

Las conductas sociales de búsqueda de seguridad, dejando de salir y evitando

las situaciones en las que pueda tener problemas, el trastorno está en marcha

y la agorafobia se incrementa.

Los sucesos estresantes pueden ser inmediatos, muchas veces, pero otras

puede que hayan aparecido incluso muchos meses antes. Se sitúa la persona

en un nivel tal de excitación que cualquier pensamiento de posibles problemas

puede desencadenar el ataque.

Pánico

Consulta

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No sé que tipo de tratamiento está siguiendo tu marido. Si va mejor es que es

adecuado.

La interpretación biologicista del pánico considera que tiene un origen

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fisiológico, que existe una predisposición que podría ser genética hacia el

pánico. Podría estar toda la vida latente; pero algunas situaciones puede hacer

que aparezca, haciéndose realidad un desequilibrio en los neurotransmisores.

Es posible que pueda hacerse crónico y se produzca un trastorno de angustia.

El tratamiento farmacológico podría volver los neurotransmisores a su sitio;

pero continuará la predisposición y la vulnerabilidad y los ataques podrían

volverse a repetir.

La visión psicológica es diferente. No se puede negar que algunas personas

sean más vulnerables que otras a la ansiedad. Pero en el disparo del ataque de

pánico juega un papel muy importante una reacción inadecuada a las señales

de ansiedad. La ansiedad, la angustia,el miedo, etc. son estados que se

caracterizan todos por una gran excitación fisiológica, que nos prepara para

luchar o para huir haciendo frente al peligro que la causa. Si las sensaciones

asociadas a la excitación fisiológica nos provocan más miedo o angustia,

podemos entrar en un círculo vicioso, porque al esforzarnos por huir o luchar

en contra de esas sensaciones, nuestra excitación inicial se incrementa. De

esta forma luchamos además de contra el origen de nuestro miedo, angustia o

ansiedad; también contra las propias sensaciones de excitación. Esta espiral

excitación - miedo o angustia - excitación nos puede inducir en segundos un

ataque de pánico.

Por ejemplo, cuando tenemos miedo se suele respirar rápido para dar a los

músculos más oxígeno y prepararlos así para huir o luchar. Si no se consume

ese oxígeno; porque no se huye o lucha de inmediato, se puede producir una

sensación de mareo asociada a una ligera hiperventilación. Si la pequeña

sensación de mareo nos da miedo (quizás porque la interpretamos como que

nos vamos a desmayar, a perder el sentido, a morirnos, ...) respiraremos más

rápido todavía con lo que el mareo aumentará. En pocos segundos podemos

estar totalmente mareados y con sensaciones de hormigueo e incluso de

tetanización de los músculos y en consecuencia con un miedo totalmente

descontrolado y disparado y unos pensamientos catastróficos de que nos

vamos a desmayar o a morir o ...

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Si se aprende a no tener miedo a la pequeña sensación inicial de mareo el ciclo

no se producirá. Si nos entrenamos para respirar de manera correcta cuando

tengamos miedo, es decir, dejamos de respirar como si estuviéramos en una

situación de extremo peligro, cortaremos el ciclo. Si interpretamos las señales

corporales de forma adecuada, como ansiedad o miedo normal, y no de forma

catastrófica (pérdida de control, desmayo, enfermedad, muerte, etc.) el

problema se soluciona.

He puesto un ejemplo con sensaciones asociadas a la respiración, que son las

más frecuentes, pero no son las únicas, otras veces son sensaciones de

inseguridad, desequilibrio, irrealidad, etc.

La teoría es sencilla. Llevarla a la práctica es un proceso terapéutico complejo,

puesto que no basta con el convencimiento intelectual, hay que tener

conciencia vivida (descondicionarse al estímulo decimos los psicólogos) para

que el proceso en espiral de disparo del pánico se corte. Mi experiencia es que

cuando se puede realizar una exposición a los estímulos internos del sujeto y

se pueden interpretar de forma adecuada, los ataques de pánico se dejan de

producir en una etapa muy temprana de la terapia, aunque esta suele ser

mucho más larga porque se tiene que perder el miedo en todas las situaciones

que se han evitado.

Con esta visión, aunque exista una predisposición genética a la ansiedad, el

sujeto puede aprender como cae en el ataque de pánico y como puede salir de

ese camino que ya no le lleva necesariamente a la catástrofe.

Espero que estas líneas os sean de utilidad.

Un saludo,

El Curso Terapéutico de Aceptación enseña con profundidad la filosofía básica

que subyace en este problema y plantea un aprendizaje graduado y pautado de

técnicas de aceptación de sensaciones y apertura a la realidad del aquí y el

ahora, que son de aplicación terapéutica en los ataques de pánico. No es una

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terapia, es decir, no está diseñado para resolver las crisis de angustia. Pero

contiene una serie de técnicas básicas que nos enseñan a no actuar llevados

por sensaciones, por muy terribles que sean. Puede ser de utilidad para

cualquier persona, las personas con ataques de pánico necesitan una terapia,

el curso solamente pretende ser una ayuda en su camino.

Tratamiento cognitivo conductual de la

Fobia social

Descripción en el DSM-IV

La característica esencial de este trastorno es el miedo persistente y acusado a

situaciones sociales o actuaciones en público por temor a que resulten

embarazosas (Criterio A). La exposición a estos estímulos produce casi

invariablemente una respuesta inmediata de ansiedad (Criterio B). Dicha

respuesta puede tomar la forma de una crisis de angustia situacional o más o

menos relacionada con una situación determinada (v. pág. 402). Aunque los

adolescentes y adultos que padecen el trastorno reconocen que este temor

resulta excesivo o irracional (Criterio C), puede que esto no suceda en los

niños. En la mayoría de las ocasiones las situaciones sociales o actuaciones en

público acaban convirtiéndose en motivo de evitación, si bien otras veces el

individuo puede soportarlas aunque experimentando sumo terror (Criterio D). El

diagnóstico puede efectuarse sólo en los casos en los que el comportamiento

de evitación, el temor o la ansiedad de anticipación interfieren marcadamente

con la rutina diaria del individuo, sus relaciones laobrales y su vida social, o

bien genera un malestar clínicamente significativo (Criterio E). En las personas

menores de 18 años los síntomas deben haber persistido como mínimo durante

6 meses antes de poder diagnosticar una fobia social (Criterio F). El miedo o

los comportamientos de evitación no se deben a los efectos fisiológicos

directos de una sustancia o a una enfermedad médica y no pueden explicarse

mejor por la presencia de otro trastorno mental (p. ej., trastorno de angustia,

trastorno de ansiedad por separación, trastorno dismórfico corporal, trastorno

generalizado del desarrollo, o trastorno esquizoide de la personalidad) (Criterio

G). Si existe otro trastorno mental (p. ej., tartamudez, enfermedad de

Parkinson, anorexia nerviosa), el temor o el comportamiento de evitación no se

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limitan a la preocupación por su posible impacto social (Criterio H). Cuando el

individuo con fobia social se encuentra en las situaciones sociales o en las

actuaciones en público temidas, experimenta una preocupación constante por

la posibilidad de que resulten embarazosas y teme que los demás le vean

como a un individuo ansioso, débil, "loco" o estúpido. Estos individuos pueden

tener miedo de hablar en público porque creen que los demás se darán cuenta

de que su voz o sus manos están temblando, o porque piensan que en

cualquier momento les puede invadir una extrema ansiedad al mantener una

conversación por temor a no poder articular correctamente las palabras. Puede

que eviten comer, beber o escribir en público por miedo a sentirse en apuros

cuando los demás comprueben cómo les tiemblan las manos. Los individuos

con fobia social experimentan casi siempre síntomas de ansiedad (p. ej.,

palpitaciones, temblores, sudoración, molestias gastrointestinales, diarrea,

tensión muscular, enrojecimiento, confusión) en las situaciones sociales

temidas, y, en los casos más serios, estos síntomas pueden llegar a cumplir los

criterios diagnósticos de una crisis de angustia (v. pág. 403). El enrojecimiento

es muy típico de la fobia social.

Anteriormente, en el DSM-III se describía así: "Se presenta una marcada

ansiedad anticipatoria si la persona se ve enfrentada con la necesidad de

entrar en la situación social fóbica y evita normalmente dichas situaciones. De

manera menos frecuente, la persona se fuerza a sí misma a aguantar la

situación social fóbica, pero se experimenta con una intensa ansiedad.

Normalmente, la persona teme que los otros puedan detectar señales de

ansiedad en la situación social fóbica. Se puede crear un círculo vicioso en el

cual el temor irracional genera ansiedad que a su vez deteriore la actuación,

aumentando así la motivación para evitar la situación fóbica. La persona

reconoce siempre que su temor es excesivo o poco razonable".

Se considera que hay dos tipos de fobia social: Generalizada: Cuando los

temores se relacionan con la mayoría de las situaciones sociales y Focalizada

cuando el temor se da en situaciones concretas.

Afecta al 2% de la población y se da con la misma probabilidad en hombres

que mujeres.

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¿La fobia social es una enfermedad?

Hay que tener en cuenta que la fobia social es una entidad diagnóstica, es

decir, una etiqueta en la que los profesionales incluimos conductas que se

caracterizan por la evitación de situaciones sociales. La vida y la humanidad es

más compleja. Así por ejemplo, junto a la fobia social aparece muy a menudo la

depresión, frecuentemente ataques de pánico o crisis de angustia, y a veces el

trastorno obsesivo compulsivo. Esta complejidad se debe a que de lo que

estamos hablando es de conductas y no de enfermedades.

Los psicólogos, en nuestra práctica clínica diagnosticamos, pero tenemos muy

claro las diferencias de lo que hacemos con el diagnóstico de una enfermedad

típica. Por ejemplo, una tuberculosis se diagnostica, primero en base a

determinados síntomas, tos con emisión de sangre, cierta fiebre, cavernas en

los pulmones, etc. que son debidos a una causa externa, la presencia del

bacilo de Koch. En la fobia social no hay un agente externo que la produzca.

Cuando un médico diagnostica enfermedades debidas al mal funcionamiento

de algún órgano, se basa igualmente en síntomas externos que son

manifestaciones de los problemas en ese órgano. Por ejemplo, si tuviéramos

mal el corazón lo notaríamos en que nos cansamos al mínimo esfuerzo, nos

ponemos morados, etc. etc. En el caso de la fobia social tampoco es así. Los

que leen el diagnóstico y se sienten identificados piensan que les falla su

autoestima, o que los neurotransmisores los tiene desequilibrados. Pero la

autoestima no es un ente con existencia independiente de nuestra conducta, y

los neurotransmisores están al servicio de nuestra conducta y también se

desequilibran debido a como nos comportamos.

Lo que los psicólogos sabemos es que, en los trastornos de ansiedad, son

nuestras propias conductas, nuestras evitaciones, las que mantienen el

problema, independientemente de su origen.

Hay que diferenciar entre lo que llamamos fobia social y lo que llamamos

timidez. La diferencia desde el punto de vista clínico está en el impacto que

tiene en la vida de la persona, por eso hablamos de fobia social cuando la vida

personal o laboral está gravemente afectada. Pero la diferencia fundamental

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reside en que el tímido acude a las situaciones en las que está incómodo, con

mucho miedo, pero acude. Y, cuando lo hace sistemáticamente, finalmente se

le aplica la ley universal de la habituación y las situaciones se le hacen más

soportables. Mientras que el que decimos que tiene fobia social suele evitar

esas situaciones de manera sistemática o si acude se preocupa más de

intentar estar tranquilo y controlar su ansiedad que de atender, participar o

hacer lo que tiene que hacer en esa situación.

El tratamiento psicológico se basa en la ley de la habituación. Los hombres

somos la especie que mejor se habitúa a cualquier ambiente o situación, por

ejemplo, si nos damos golpes sistemáticamente en el canto de la mano,

finalmente se hará callo, nos habituaremos a ello y seremos buenos karatekas

y los golpes dejarán de dolernos. De la misma forma, si se enseña a la persona

a comportarse en las situaciones temidas y después a dejar de evitarlas y

poner en práctica lo aprendido de forma reiterada, se habitúa, hace callo y su

ansiedad se reduce a niveles normales.

Tratamiento

·Como se ha indicado la base del tratamiento es la exposición, es decir, acudir

a las situaciones temidas, pero preparado, sabiendo que es lo que hay que

hacer y entrenado para no evitar la ansiedad.

Para ello, es necesario primeramente asegurarse que se tienen las habilidades

sociales necesarias. Los estudios de las habilidades sociales han indicado que

las básicas son las siguientes:

Habilidades Sociales

1.Iniciar y mantener conversaciones 9.Expresión de opiniones personales,

incluido el desacuerdo

2.Hablar en público

10.Expresión justificada de molestia,

3.Expresión de agrado, amor y afecto desagrado o enfado

<-----------Page_Break----------->

4.Defensa de los propios derechos 11.Disculparse o admitir ignorancia

5.Pedir favores 12.Petición de cambios de la conducta

de otros

6.Rechazar peticiones

13.Afrontamiento de las críticas.

7.Hacer cumplidos

8.Aceptar cumplidos

Evaluación del problema:

PERSONAS MODULADORAS 1.Amigos del mismo sexo

2.Amigos del sexo opuesto

3.Relaciones íntimas (pareja)

4.Padres

5.Familiares

6.Personas con autoridad

7.Compañeros de trabajo

8.Contactos de consumidor

9.Profesionales

10.Niños

Evaluación del problema

Habilidades de comunicación

Verbales Paralingüisticos

Volumen, Entonación,

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Fluidez, Tiempo de habla

Contenido

Habla egocéntrica,

Instrucciones, Preguntas.

Comentarios, Charla informal,

Expresiones ejecutivas,

Costumbres sociales (saludos,

despedidas, etc.), Expresión de

estados emocionales, Mensajes

latentes.

Apropiado

Reforzante

No verbales Expresión facial.Sonrisas. Expresión

y exposición.

Corporales:Movimientos de las manos

Postura Pies Automanipulaciones

Distancia Contacto físico Apariencia

personal Movimientos de cabeza

Voz:Volumen, tono, timbre, claridad,

velocidad, énfasis, fluidez, uhms, ehs,

pausas y vacilaciones

Miedo a los síntomas Importancia de Tragar

los síntomas de ansiedad para la Sudar

permanencia de la fobia social. Rubor

Temblores

Problemas con la voz

Tartamudeo

Temblores

Disfonías

Problemas circulatorios (rubor) No

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importa que se le vea o no, si lo siente.

(Cara rara)

Trastornos cognitivos. Ideas Atribución a la personalidad en lugar

irracionales. de a la situación. (Espectador):

La ansiedad les lleva a

estar muy atentos a ella

para intentar evitarla y no

se enteran de lo que se

les dice lo que implica un

mal desempeño social.

Son espectadores de sí

mismos.

Ejemplos

Van a darse cuenta de

que estoy nervioso

Si se dan cuenta de

que estoy nervioso, se

van a preguntar por qué.

Van a pensar que soy

un tipo raro

Van a comentar con el

resto del grupo mi

nerviosismo

Me van a rechazar a causa de

mi falta de naturalidad

Mi problema siempre es el

peor y justifica el rechazo.

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Relación con otros trastornos:

Trastorno de la personalidad por evitación

Es indistinguible de la fobia social generalizada según lo define el DSM-III-R

Trastorno de personalidad esquizoide

Se diferencia del trastorno de la personalidad por evitación porque la evitación

no es debida a ansiedad, el equizoide no está interesado en relacionarse con

los demás.

Otros trastornos con componente de ansiedad social

Dismorfofobias: Los demás también rechazan el propio cuerpo.

En casi todos los trastornos que cursan con ansiedad podemos encontrar un

aspecto social, como la agorafobia, el trastorno obsesivo compulsivo. De hecho

la terapia interpersonal trata con éxito muchos trastornos como depresión,

anorexia, bulimia, etc. actuando solamente sobre las relaciones

interpersonales.

Tratamiento

· Exposición en vivo y en la imaginación

· Entrenamiento en habilidades sociales

· Relajación aplicable en situaciones sociales

· Reestructuración cognitiva

Tratamiento en grupo

Ventajas:

Comprueban que no son únicos Se dejan de ver raros socialmente,

Aprendizaje vicario

Independencia del paciente, es él quien se resuelve los problemas no tiene

que esperar la guía personalizada del terapeuta.

Compromiso público para el cambio. Existe la presión grupal al cambio.

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Motivación al cambio por el éxito de los demás. Les ayuda a creer en las

técnicas que se emplean.

Es un laboratorio de las relaciones sociales. Se puede interrumpir y analizar

un pensamiento o una acción.

Beneficio de que hay otras personas para crear situaciones sociales

diversas.

Permite por ejemplo mantener una bronca durante el tiempo necesario para

la habituación

Se puede mantener el rechazo o el hecho de reconocer el síntoma de

ansiedad que no se da en la situación social. Casi nunca a nadie se le dice te

has puesto colorado en una situación social.

Tratamiento en grupo

TÉCNICAS EMPLEADAS

Exposición a situaciones temidas

Ensayo de conducta para aprender habilidades sociales

Modelado

Técnicas cognitivas

Reestructuración

Inoculación al estrés

Resolución de problemas

Etc.

ORGANIZACIÓN DEL GRUPO

Estructurado:

Se realizan una serie de sesiones con contenido fijado para entrenar

en determinados aspectos. (Relación entre los pacientes muy

controlada).

Semiestructurado:

El contenido de las sesiones se adaptan los ejercicios a las

necesidades concretas de los participantes.

No estructurado:

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Se establece una relación parecida a la de un grupo de amigos.

(Comidas, cenas, tomar cañas, ...)

ORGANIZACIÓN DE UNA SESIÓN DE GRUPO

Semanal de 1.5 horas

Tres tiempos:

Entrenamiento en relajación aplicada a situaciones sociales

Revisión de tareas para casa

Ejercicios concretos

Para apoyar las tareas en casa

Para enfrentar o

entrenar algún aspecto

en particular

Técnicas de manejo de ansiedad

Entrenamiento en aceptación, muy conveniente para saber como

enfrentarse a la ansiedad y al miedo.

TAREAS EN CASA

Aplicación

Diseño particular en cada sesión

Concepto de exposición como riesgo de que pase algo.

Graduadas, por lo que su cumplimiento o no es una buena fuente de

información

Seguimiento

Ventajas

Generalizan a situaciones fuera del grupo

Dan autocontrol y disminuyen la dependencia del terapeuta y del

grupo

Ensayo de conducta

Ejercicios en grupo: exposición a situaciones diferentes

Ejemplos:

El encuentro con extraños.

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El contacto con personas que tienen atractivo

sexual para ti.

Situaciones en las que hayas cometido un error.

Situaciones en las que te sientes criticado.

Interacciones con figuras de autoridad.

Situaciones en las que te sientes herido o alguien

se ha enfadado contigo.

Situaciones en las que corres el riesgo de rechazo

o fracaso.

Conversaciones con padres o con alguien que

puede mostrar desaprobación.

Algunas reflexiones sobre el tratamiento

cognitivo-conductual del

trastorno obsesivo compulsivo

Introducción

La descripción de en que consiste este trastorno se puede ver en

Trastornos de Ansiedad Descripción en español de este trastorno por el

National Institute of Mental Health

Puedes encontrar una descripción práctica y para profesionales de las técnicas

que se utilizan en el tratamiento de trastornos de ansiedad en:

Psicoterapeutas.com Teoría y práctica de la psicoterapia cognitivo

conductual.

Consulta:

Planteamiento del problema

Hola, Doctor

Ha sido un auténtico placer visitar su página web. La encuentro

de gran utilidad y muy interesante.

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Ahora paso a exponerle un caso para ver su posible discusión,

pues yo opino que de la confrontación dialéctica bien entendida,

siempre se extrae algo provechoso.

Yo soy un paciente diagnosticado con un trastorno obsesivo en el

que las compulsiones son mínimas. Es más bien un trastorno

obsesivo de rumiaciones constantes.

Yo respondo perfectamente al perfil de persona obsesiva en

potencia: Introversión, preocupación excesiva por los problemas,

metódico, preocupación por el orden y limpieza, etc.

Desde los 14 años que empecé el bachillerato, experimenté la

desagradable sensación de padecer 'manías' y pensamientos

reiterativos. Así uno detrás de otro, durante todos los siguientes

años. Actualmente, vivo sumido en un profundo abatimiento y

desesperación porque me veo dominado por una serie de ideas o

pensamientos 'tiránicos' que no me dejan vivir y me están

destrozando la vida. .....

Actualmente, todas las obsesiones que tengo giran en torno a la

idea del cerebro y al rechazo que me produce pensar en esta

parte del cuerpo, esta maquina tan perfecta que a veces falla.

Veo las cosas e inmediatamente relaciono el sentido de la vision

con el cerebro (¡y quisiera cerrar los ojos para no ver!). ¡Que idea

tan absurda!. Muevo un brazo y me viene a la cabeza que lo

estoy moviendo gracias a una orden del cerebro (¡y otra vez,

quisiera no moverlo!. Estoy leyendo o estudiando algo y otro tanto

de lo mismo, ¡otra actividad del cerebro!. Todo va a parar a lo

mismo y asi, con un monton de cosas. Imaginese lo que debe ser

vivir todo el dia pendiente de estas ideas tan absurdas que

encima me producen temor y ansieda (alguna vez hasta ataques

de panico). Estoy siendo tratado con Anafranil y Tranxilium 5, en

dosis bajas, y tambien estoy siguiendo una terapia cognitivo-

conductual, basada en la desensibilizacion sistematica, pero

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estoy a punto de terminar la terapia y no experimento mejoria

alguna (con eso no quiero criticar a este colega suyo que por otra

parte me merece mucho respeto por su saber y sus

conocimientos en la materia, pues puede ser que yo no haya

llevado bien la terapia).

Preguntas concretas

Después de todo lo que le acabo de contar, mi debate es el siguiente:

¿Existen terapias alternativas de probada

eficacia para erradicar estos trastornos

obsesivos, aparte de la cognitivo - conductual?

¿Puede ser la sugestión hipnótica una posible

cura a mi trastorno, por ser algo que subyace en

my subconsciente y no aflora?

¿Puede aconsejarme algo al respecto por si mi

terapia no me da resultado?. Estoy

verdaderamente desesperado.

Le agradezco de antemano su atención y siento contarle todo

este rollo, pero cuando uno se siente tan desesperado, se agarra

a cualquier resquicio de esperanza.

Atentamente,

Respuesta

Me encanta recibir tu mail porque me obliga a escribir algo sobre el trastorno

obsesivo compulsivo que es una de las cosas que están pendientes en mi

página.

Aunque supongo que el colega que te trata habrá tenido alguna razón de peso

para utilizar en tu caso la técnica de Desensibilización Sistemática; el

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tratamiento de elección para los trastornos obsesivos es "la exposición con

prevención de respuesta", tal y como se puede comprobar en cualquier manual

de Modificación de Conducta (puedes ver por ejemplo "Tratamientos

Psicológicos" de Marino Pérez (catedrático de Oviedo), 1997, página 840

Editorial Universitas).

Explicándolo en pocas palabras, en este tratamiento se trata de exponer al

paciente a los estímulos temidos previniendo la ejecución de los rituales. Por

ejemplo, ante el rito de lavarse compulsivamente las manos se puede exponer

al paciente a la suciedad (si este fuera el estímulo temido) evitando realizar el

rito, lavarse las manos. Se mantiene esta situación hasta que la ansiedad del

paciente disminuye de forma notable y puede aguantar la suciedad con un

mínimo malestar. Con la repetición de este procedimiento el paciente se siente

cada vez menos compelido a realizar el rito y el problema se resuelve.

Cuando se dice que es el tratamiento de elección se está afirmando que hay

estudios científicos con datos empíricos contrastando su efectividad y que es

superior a otros que también aunque tengan eficacia probada.

Trastornos obsesivos sin compulsiones

Ahora bien, tú planteas que solamente tienes obsesiones (rumiaciones), es

decir, no existen ritos externos. El tratamiento de este tipo de trastornos

presenta peculiaridades, algunas de las cuales se comentan a continuación:

· La exposición a estímulos temidos con prevención de respuesta es

también efectiva. Por ejemplo, un paciente tenía un pensamiento

obsesivo de que iba a clavar un cuchillo a su hijo. Era un pensamiento

irracional, quería muchísimo a su hijo y sabía que no lo haría nunca;

pero ese pensamiento venía a su cabeza sin poderlo evitar y esto le

producía mucha ansiedad. En este tipo de casos el miedo suele ser a

perder el control y que pudiese ocurrir, por supuesto se trata de un

miedo sin sentido. El tratamiento consiste en mantener el pensamiento

de forma repetitiva hasta que su presencia no produzca ansiedad. Se ha

comprobado experimentalmente que la exposición continuada al

estímulo temido, en este caso el pensamiento, reduce y elimina el miedo

que produce. Eliminada la ansiedad el pensamiento desaparece.

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· En el caso anterior la rumiación coincide con el estímulo que origina el

miedo; pero no en todos los casos es así. Por ejemplo, un paciente en

proceso de separación tenía un pensamiento obsesivo de querer volver

con su mujer, cosa que no solamente no deseaba realmente, sino que

además era imposible. En este caso el temor lo originaban las

consecuencias sociales de la separación, pues vivía en un ambiente

muy tradicional. Pensar que quería volver con su mujer era el rito, una

forma de intentar paliar la ansiedad que le causaba el rechazo social que

se avecinaba. El estímulo ante el que tenía que perder la ansiedad era

este rechazo social. El tratamiento consistió en la exposición al estímulo

temido, el rechazo de las personas allegadas y la prevención de

respuesta: pensar que realmente no podía volver con su mujer. En

consecuencia es fundamental determinar cual es el estímulo que origina

el problema, a veces no es tan evidente como puede parecer. El

pensamiento obsesivo puede ser fuente directa del problema o puede

ser parte del rito.

· Un problema importante que tiene el paciente en el tratamiento de las

obsesiones sin compulsiones asociadas es el control necesario para no

realizar el rito durante la exposición, y