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Causas de la Soledad
¿Qué causa la Soledad?
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La Depresión es la causa mas común.
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El no encontrar a alguien quien tenga o posea los mismos o similares intereses.
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Sentir que los demás nos critican, nos censuran y condenan. Esto debido a nuestro alto grado de Sensibilidad y alta Percepción !!!
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Porque necesitamos sufrir para valorar mas y mejor a los demás; es decir, menos desamor y más Amor hacia nuestros hermanos y hermanas ¡!! Sufriendo en medio de la soledad, aprendemos a ser mas pacientes y tolerantes con los demás.
- Ver en los demás miradas de odio, de ira, que nos miran "feo". Nos sentimos desaprobados y rehusamos socializarnos. Buscamos aprobación en los demás.
¡Siento la Soledad!
Aunque nacemos solos. vivimos acompañados. El instinto y la necesidad de gregarismo y de supervivencia nos impulsan a buscar compañía. Sin pareja, familia, amigos y otras formas de agrupamiento nos sentimos desconcertados y aislados.
La soledad es una moneda con dos caras. Una la negativa, producto de la sensación de vacío profundo cuando es por falta de amor o afecto en cualquiera de sus expresiones. Este tipo de aislamiento nos perturba mentalmente y no podemos ser fecundos con las ideas o pensamientos. El miedo a quedarse solitario paraliza, aparece la desesperanza, se borran las ilusiones, se añoran los seres queridos que ya no están e irrumpe la incertidumbre. Esta cara de la soledad esta relacionada con todos los estados de la mente que tienen que ver con problemas de comunicación efectiva con el medio que nos rodea, la tristeza y la depresión.
La otra cara de la soledad, la positiva, es todo lo contrario. Es la del estado de plenitud espiritual. Es producto de hablarnos e intimar con nosotros mismos, pensar, recapacitar, visualizar, crear y meditar. Permite momentos de reflexión, fantasía, imaginación, ilusión y ensueño, los cual ayuda al desarrollo del ser humano y a su tranquilidad interior.
Recientes investigaciones indican que la soledad negativa puede afectarnos fisiológicamente y producir afecciones del corazón entre otras enfermedades. Se ha demostrado que las personas solitarias tienen niveles más altos de una sustancia denominada iterleukina-6 relacionada con enfermedades cardiovasculares que podrían provocar ataques del corazón o al cerebro. También, nos puede afectar psicológicamente y desencadenar depresión o llevarnos a la auto agresión y suicidio.
Los que padecen de soledad no tienen edad, ni sexo, todos la pueden sufrir en un momento dado, dependiendo de distintas circunstancias.
Algunos intentan salir de ella erróneamente a través del alcohol o las drogas, no la superan y caen en una peligrosa depresión.
Para salir de esta cara oscura de la soledad, debemos voltear la moneda, encontrarnos a nosotros mismos y procurar desarrollar todas nuestras potencialidades como seres humanos. Podemos definir lo que queremos, y tomar la firme determinación de alcanzarlo, sin ponernos auto limitaciones o barreras que lo impidan. Comunicándonos con los que nos rodean y permitiendo que formen parte de nuestro mundo. Brindemos a los demás amor, a más lo proporcionemos más se llenara nuestra vida.
A nuestros hijos, enseñémosles desde pequeños como comunicarse y expresar sus sentimientos. Sembremos armonía y cosecharemos felicidad.
"Recientes investigaciones indican que la soledad puede afectarnos y provocar afecciones del corazón y otras enfermedades..."
NO SOPORTO ESTAR SOLO
Así se escucha decir a personas que al parecer tienen una necesidad excesiva de estar acompañadas. Digo al parecer porque eso no es lo más relevante en ellas. Su problema no consiste en sus deseos de estar en compañía de otros sino en su incapacidad para permanecer con ellas mismas. Literalmente hablando, estas personas no se soportan a sí mismas porque no han aprendido a disfrutarse. Y es por eso que no toleran estar solas.
Cuando uno ha aprendido a estar solo, disfruta de esos momentos de soledad. Siempre tiene algo útil que hacer, algo o alguien en quien pensar, alguna forma creativa de emplear el tiempo cuando la única compañía es uno mismo. Hay quienes, aun junto a sus seres queridos, necesitan, en determinados momentos, estar solos, aunque sea por breves períodos de tiempo. Y lo logran sin que por ello se afecte la comunicación ni el clima emocional de la familia.
¿Cuántas cosas puede hacer una persona cuando está a solas? Muchas. Por ejemplo, puede decorar la casa de manera diferente, preparar una comida especial, leer un buen libro, hacer ejercicios físicos, de relajación, oír música, cuidar del jardín, sembrar alguna nueva planta, arreglar y ordenar el armario, sus gavetas, hacer una limpieza general, descansar, meditar, dormir.
Sin embargo, quienes no se soportan cuando están a solas no tienen una rutina cotidiana establecida, hacen las cosas sin deseos, desmotivados, como si fuera un castigo, sin creatividad alguna. Están aburridos, a pesar de que quizás haya muchas cosas por hacer o, por el contrario, las hacen con tal rapidez que en breve tiempo han terminado y vuelven a quedar ociosos, supuestamente, y esa inactividad artificial les genera malestar, ansiedad, tedio, estados anímicos desfavorables los cuales conspiran contra su bienestar. En otras palabras, no saben planificar qué hacer cuando están a solas para no sentir soledad.
El ser humano está necesitado de compañía. Es una condición humana. Así como también lo es su individualidad, su privacidad. Por tanto, las relaciones con otras personas son imprescindibles y la soledad también para lograr una personalidad armónica.
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Describir este sentimiento interior no es muy fácil. La soledad puede ser una experiencia bastante particular e individual en cada ser humano. Digamos que la soledad trae, inmediatamente a la conciencia, significados muchas veces aterradores para la vida del ser humano. Pensamos en la soledad y con seguridad evocamos dolorosamente situaciones que están relacionadas con abandono, aislamiento, destierro, encierro, melancolía, tristeza, pesar, terror o pérdida, dependiendo casi siempre de la orilla donde contemplemos ese mar.
La soledad puede resultar como un producto de varios factores; puede estar presente como algo real luego de la muerte de seres queridos, o después de una separación o una despedida, ya sea entre amigos o entre la familia; también es posible sentirla como algo transitorio o percibirla como un sentimiento más duradero en el transcurso de la existencia. De todas maneras, la soledad cumpliría una finalidad muy clara como la de restablecer el equilibrio ante una pérdida, para así recuperar paulatinamente, la energía que se había liberado con el objeto arrancado y poderla utilizar más adelante con otro objeto sustituto. La |
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dificultad podría hallarse cuando no aparece ese elemento reemplazante. Puede pasar mucho tiempo y allí la soledad tendería a tener otros significados. Casi siempre se requiere un apoyo psicológico para el paso de esa soledad experimentada luego de una pérdida. Pero también, la podemos advertir no necesariamente ante roturas tangibles y que su significado expresaría, muy seguramente, un cuadro de características depresivas. Es a esta soledad a la que quizás tanto se le teme. |
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No se si pudiésemos hablar de una soledad positiva o de una soledad negativa. Tal vez tendríamos que abordar el tema desde el punto de vista en que la soledad estaría comprometiendo la autoestima o el amor propio. Algunos la sentirían como el conjunto de fracasos y merecimientos frente a sus “incapacidades”; así mismo, otros la plantearían como un fenómeno divino de castigo frente a sus “faltas o pecados”. De todas maneras, cualquiera de éstas no dejarían de ser nefastas para la integridad y valoración emocional de cualquier individuo. |
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Considero que muchas veces depende de la actitud e interpretación personal que cada sujeto determine, para que “afecte” o lastime su propia vida. Sabemos que muchas veces esto no es muy “conciente”. Se requiere una terapia para lograr reconocer lo que no es muy “conciente”; es decir las motivaciones de este fenómeno.
En favor de la soledad, tendríamos que observarla como un espacio o estado de reflexión para que concurran una serie de pensamientos críticos y evaluativos que buscaran la armonía en la esencia del ser para el fortalecimiento de las convicciones que impulsan el autocontrol y el conocimiento de sí mismo. Ese conocimiento es el que anima a la experiencia de cualquier ser humano. La soledad, vendría siendo como el encontrarse a sí mismo. Es estar en compañía de sí mismo. La compañía más real e imperecedera de la espiritualidad. Es la que ayuda a reencontrar los sueños y de convertirlos en realidad. La soledad puede ayudar a despertar esa potencialidad interna que muchas veces permanece dormida cuando se “distrae” en la fantasía del mirar todo el tiempo hacia fuera. La soledad es la oportunidad de contemplar dentro de si mismo la llama que verdaderamente mantiene viva la capacidad de disfrutar el propio yo con el propio espíritu. De esta manera, el ser humano empieza a considerar el verdadero valor de su propia vida, de su alma y de su espíritu. Experimenta la libertad de tener una vida sin temores y sin arraigos a establecimientos o apegos que limitan enormemente su recorrido vital. Es aprender a depender de si mismo. Si se va a “compartir” con alguien es prevalecer la individualidad y permitir el enriquecimiento conjunto. Entonces, la soledad podría ser la oportunidad de cómo reencontrarse así mismo y experimentar el verdadero poder del conocimiento del yo. Esta provoca una energía fundamental para el crecimiento de la vida de cualquier sujeto. Esto es lo que alimenta el verdadero amor a la vida. Este amor a la vida es lo que nutre la cadena de amor a la humanidad. La revitaliza para que la intensidad de la llama interior no se apague jamás. Se logra apreciar el amor y la espiritualidad. Se vuelve genuino en cada ser y esto atrae todos los deseos y éxitos de la vida. Por eso alguien lo expresaba muy bien cuando afirmaba que el verdadero descubrimiento del hombre debe ser el de su propio interior. Una vez logrado esto aparece el equilibrio justo que permite la propia felicidad y la de los demás. |
Dar la razón a la soledad
por anónimo — Última modificación 01/06/2008 10:34
A veces es doloroso dar la razón a aquello contra lo que te has rebelado. A uno le gusta manifestar sus propias creencias, sobre todo cuando están basadas en su experiencia, así que que le digan que lo natural es aquello y no lo suyo hace que te rebeles y reafirmes más todavía. Sin embargo esa sensación de soledad que llevo a veces, como ahora, me demuestra que efectivamente aquellos que dicen que necesitamos al otro, que el hombre necesita tener a alguien para ser, van a tener razón. ¿Porque qué es la soledad sino esa necesidad?.
Siempre he ido de independiente, de autosuficiente, de ser capaz de vivir sólo con mi compañía. Ahora me repatea esa insociabilidad mía. Antes me rebelaba ante la idea de someterme a ese principio de que sólo somos si hay alguien enfrente. “¿Y los que vivimos solos no somos nadie? ¿No tener pareja nos hace ser menos persona solo porque no tenemos la suerte de tener a nadie enfrente? ¡¡Es humillante!!”.
Ahora no me queda más que aceptar que sí, que el hombre es un ser de compañía, que está diseñado para vivir del afecto y del amor, y esto sólo lo puede dar el otro. La evidencia del sentimiento de soledad habla por si sola. Si existe la soledad en nuestro vocabulario es porque existe esa necesidad de amor. Hace unos años yo no sentía. Ahora siento soledad. Ya es un paso.
Tengo un proyecto en mente desde hace un tiempo que es el de confeccionar algo así como un diccionario de emociones donde describir con pelos y señales qué se siente al sentir enfado, angustia, tristeza, soledad, miedo, etc. Lo tengo paralizado porque sólo se me ocurren emociones deprimentes (sí, sí, toda emoción por si misma es positiva y bla bla bla que dicen los psicólogos), y no quiero que sea algo deprimente de leer, quiero que sea algo útil. Lo que escribiría sobre la soledad sería algo como: “La soledad es una sensación devastadora. Es un gran agujero negro, es un pozo con una capacidad de aspiración hacia su interior terrorífica, es un pozo que te roba, te vacía y convierte en mero vegetal. La sensación que se tiene (o que tengo yo) cuando el sentimiento de soledad está en su momento álgido es la de sentir cómo el centro de tu ser va perdiendo consistencia: de sólido pasa a líquido, luego a gas, luego desaparece...aparece la nada, y de ahí, de ese punto central de ti que se ha convertido en un agujerito de vacío, entonces como si de una onda expansiva se tratara ese puto agujerito se va extendiendo hacia fuera, hacia tu superficie. Es la onda expansiva de la desolación. El dolor es tal que a veces parece de otro mundo”.
(Nota para los autores de Terapiados: he encontrado la página por casualidad, curioseando en mis noches cibernéticas, y me ha encantado porque para mí supone una ventana abierta donde poder expresarme. Aún no sé hacerlo con las personas. Pero también he de confesar que me avergüenza ver a qué extremo me ha llevado mi insociabilidad: querer contar, no saber a quién, y terminar hablando a través de un ordenador. Es lamentable. Así que gracias, por haber creado este espacio y sobre todo gracias por el anonimato).
Soledad, sentimiento de estar solo, unido con frecuencia a situaciones como el desamor. Durante los estados de soledad la incomunicación es absoluta y va en contra del hombre como ser social, cuya función más básica es comunicarse con los demás.
En las comunidades tradicionales la soledad es un fenómeno poco frecuente, basado la mayor parte de las veces en motivos externos (enfermedades, sentimientos de culpa). Frente a ello, en las actuales sociedades industriales aparece el fenómeno del aislamiento del individuo, serio problema que requiere tratamiento psicológico, ya que la incomunicación puede provocar algunas enfermedades, como la depresión. Una de las causas más frecuentes es la debilidad relacional, es decir, la incapacidad para establecer relaciones personales. Asimismo la soledad, involuntaria o aparentemente elegida, es un trastorno psicosocial (hastío del mundo) que indica el inicio de determinadas etapas vitales, como la pubertad o la vejez (véase Psicología del envejecimiento).
BASES DEL ACOMPAÑAMIENTO TERAPEUTICO
La locura es soledad
¿Qué es un acompañante terapéutico? ¿Para quiénes y en qué situaciones puede resultar oportuno? ¿Hay acompañamiento terapéutico en hospitales públicos? ¿Hay una teoría que sostenga su práctica? Respuestas, en esta página.
Por Gustavo Rossi *
Un sujeto afectado por la locura (en un sentido amplio, no restringida al diagnóstico de psicosis) va a encontrar perturbada para su vida cotidiana su relación con el espacio público, su vínculo con los otros, con la calle, con los lugares que frecuentaba en la ciudad, en fin, con aquello que denominaremos su “ecología”. En que algo de esto pueda restablecerse, sostenerse o construirse, ubicamos la intervención del acompañamiento terapéutico y su función en el hospital de día. Porque ese sujeto aparece empujado al encierro propio (cuando no llega a quedar encerrado en una clínica u hospital psiquiátrico), asustado, en su cuarto, con dificultades para salir de su casa, a veces hasta de su cama, de ese mundo que se le hace cada vez más estrecho. Le resulta agresivo el movimiento urbano, las miradas en un colectivo, los comentarios en un club, los empujones, las risas en el partido de fútbol o de truco. O porque en esos espacios públicos aparece perdido, desorientado, lo cual muchas veces se conjuga con su intento de agresión hacia quienes lo rodean, su impulso hacia la ruptura con el tejido social y su refugio en el aislamiento.
¿Es el acompañamiento terapéutico una herramienta eficaz para restablecer esos lazos con el territorio público? En algunos momentos y en determinados casos, lo es. No como recurso exclusivo sino que toma su valor en esa construcción artesanal de un equipo que da algún lugar en su estrategia de abordaje a lo que suceda con esos vínculos, esas redes, esa agresión, para que pueda reubicarse sin dejar librado esto a una supuesta evolución espontánea. Cuando resulta indicado, el acompañante terapéutico (AT) se ubica ante un sujeto que ha perdido su orientación temporoespacial, en un momento de crisis, y va a ofrecerse como mediador, como guía, como amistoso componedor en ese encuentro/desencuentro entre alguien aquejado por la locura (que es singular) y su prójimo, su barrio, su ciudad, los lugares donde podría estudiar, trabajar o divertirse pero que, en la coyuntura crítica que está atravesando, le resultan intolerables.
Brevemente entonces, ante la fuerte exclusión social actual, el acceso al circuito laboral y a los lazos sociales que conlleva se presenta casi inalcanzable para quien atraviesa un padecimiento psíquico importante. El acompañamiento tiene una vía sobresaliente de intervención, en su posibilidad de articulación con las redes comunitarias (sin perjuicio de los deficits en las políticas públicas al respecto) y con los recursos laborales-educativos, que deben re-crearse para cada caso. No se trata de imponerle un standard de rehabilitación, para que transite por círculos recreativos cerrados o que se adapte en un aislamiento circunscripto a actividades institucionales con una utilidad –subjetiva– muchas veces dudosa, sino de diseñar una estrategia multidisciplinaria que pueda prestar atención a las consecuencias que tiene para cada paciente la competencia desmesurada a la que fuerza el mercado, al empujarlo hacia un margen, cuando no al encierro que llega a suprimir sus derechos civiles bajo la etiqueta de la enfermedad mental.
¿Es necesario ser psicólogo, para ser acompañante terapéutico? Mi respuesta es que su formación, sea la de psicólogo, estudiante avanzado de psicología o psicoanalista, no es condición necesaria, pero tampoco suficiente, para considerar a alguien con una capacitación adecuada en el tema. Marco así la necesidad de una capacitación específica en la formación del AT. En esta actividad se interviene con otra presencia, desde lo corporal, y el ámbito/encuadre está lejos de aquella relativa asepsia que puede brindar el consultorio. Frecuentemente la presencia del entorno social y familiar es casi inmediata: pacientes que gritan en un bar donde las mesas se encuentran a escasa distancia una de otra, cuentan sus intimidades a viva voz en medio de una función de cine, o escenas donde el acompañamiento se desarrolla en un ámbito familiar, con la presencia angustiada de la esposa, los hijos o el padre de un sujeto en crisis. Además, el tiempo de duración del acompañamiento está pautado de antemano y con una extensión que habitualmente es de varias horas cada vez (puede llegar hasta turnos de 6 a 8 horas en las internaciones domiciliarias). Despejar estas cuestiones nos remite al trabajo en equipo y bajo supervisión.
Es característico de esta actividad llegar a compartir muchas horas con un paciente, con lo cual se generan diálogos que a veces tocan aspectos de la vida privada del acompañante, de sus actividades, de sus gustos; es decir, de cuestiones que habitualmente quedan por fuera del vínculo paciente-profesional de la salud mental. No se trata de que el AT no pueda decir nada acerca de su vida personal, o no haya de dar cierta opinión, ante preguntas del sujeto acompañado o de su familia, sobre tal cual hecho de la realidad social o suceso de la actualidad, cuando no del cuidado en el aspecto físico del paciente, de sus vínculos grupales, de amistad, etcétera. Pero el AT tiene que saber mensurar lo que manifieste, tiene que saber qué no debe hacer, y tomar con cautela situaciones que pueden llevar a intervenciones inoportunas (Augé M. y otros; El Hostal, una experiencia en tratamientos sin encierro en psicopatologías graves. Bs. As., 1993). Aunque sabemos que no puede prevenirse un acto, ni podemos asegurarnos de que no aparezca un acting, ni programar estereotipadamente una forma de intervención del acompañante, consideramos fundamental contar con un espacio donde esos inconvenientes sean dialectizados, y orientados en una dirección que otorga el dispositivo de tratamiento. Esta supervisión se ubica en un circuito de intersecciones en el cual incluyo al terapeuta que indica el acompañamiento terapéutico, la estrategia de ese tratamiento y el trabajo en equipo para la construcción de un dispositivo caso por caso.
Jugar por jugar
Desde hace ocho años, en distintos hospitales, se desarrolla la pasantía en acompañamiento terapéutico. En la medida en que las demandas se fueron produciendo, aparecieron diversas dificultades de los terapeutas para precisar su orientación en cada caso. Podemos ligar esto con el difuso conocimiento específico sobre el tema por parte de muchos terapeutas y con cierta inercia institucional a la hora de plantear herramientas diferentes. Al supervisar equipos en hospitales públicos, si no se cuenta con la participación del terapeuta que dirige el tratamiento, sólo queda un margen estrecho para realizar una lectura de lo que sucede y para orientar la intervención. Además, para el terapeuta suele representar otra perspectiva, cuya importancia no se restringe a que el AT sea un informante de lo que sucede en el plano de la realidad cotidiana de un paciente. Su importancia radica en dar una versión particular de esa subjetividad en los complejos tiempos de articulación o aislamiento respecto del otro social/familiar. Por ejemplo, en el hospital de día vespertino del Hospital Alvarez, el acompañante terapéutico se integra a las reuniones semanales del equipo de profesionales y en ocasiones participa en esa elaboración del dispositivo más adecuado de tratamiento para cada paciente, mediante los aportes que desde su práctica le competen.
La táctica del AT tendrá también su particularidad según el momento del tratamiento en que se incluye su tarea, ya que no será lo mismo en el tiempo previo a la externación o en el inmediatamente posterior a la misma, o en una situación de crisis en la que se trata de evitar la internación, o en instancias donde algo de lo social/familiar representa un obstáculo puntual para el quehacer clínico. Un caso puede enseñarnos sobre esto: se trata de un adolescente en que se manifestaban síntomas maníaco-depresivos, que lo habían llevado a diversas conductas impulsivas, poniendo en riesgo su vida y la de su familia. El terapeuta decidió el acompañamiento como alternativa a la internación psiquiátrica. En lo táctico, se buscó modular la intervención en la dinámica familiar teniendo en cuenta la ansiedad y angustias de la madre del paciente, abriéndose el AT hacia el diálogo con la madre, para que existiera algún factor de mediación, con el objetivo de no agravar el momento de crisis, alivianando ese tiempo para el paciente y para los familiares cuya posibilidad de contención estaba quebrantada.
En otro ejemplo de la práctica hospitalaria del AT, el acompañamiento consistía en caminatas extensas, descriptas por la acompañante, en la supervisión, como “sin rumbo”, a lo que se sumaba un “jugar por jugar”: empezar y nunca terminar un partido de cartas, por ejemplo, actividades que planteaban de manera insistente, tediosa. Además, el paciente reiteradamente se quedaba dormido a la mañana, por lo cual llegaba tarde al horario de encuentro con la acompañante. Al mismo tiempo, la inclusión del acompañamiento se había vinculado precisamente con los trastornos que le producía el no poder dormirse, tener dificultades para conciliar el sueño; al otro día no podía despertarse, claro, y llegaba tarde.
Fueron esenciales en este caso las reuniones periódicas donde participaba la analista de este paciente. Resultó que, a partir de las caminatas, los juegos de cartas, las charlas en esas circunstancias, el paciente manifestaba no tener las “interceptaciones” que habitualmente tenía, los “pensamientos malditos”. A su vez, la analista describió que algo del tedio, de un fuerte cansancio, era lo que transmitía este paciente, lo que la terapeuta “soporta”: soporte transferencial, difícil en casos como éste, a partir del cual no por casualidad se incluye el acompañamiento. El paciente hacía dormir a los otros, pero no lograba dormirse, generalmente por las “interceptaciones”. Como hipótesis: si transfiere algo de ese cansancio, puede empezar a dormir mejor, y esto parece enlazarse con el hecho de que el otro –digámoslo así, en algún sentido– duerma. Por otra parte, aunque se quedara dormido en horas de la mañana, el tiempo de acompañamiento empezó a marcar un límite a esa situación, acotó algo, dando lugar a señalar que la acompañante, aunque lo esperaba, no gozaba de esto. Probablemente la historia del paciente en relación con su madre haya tenido un papel fundamental en esto del dormir, del despertar, despertarse solo o ser despertado; son temas sobre los que tal vez se pueda trabajar en un momento posterior del tratamiento.
En cuanto al agobio de la acompañante reflejado como queja por las caminatas “sin rumbo”, el resultado del trabajo en equipo no fue tratar de establecer un rumbo (¿quien sabría decir cuál tiene que ser?), sino más bien sostener esa caminata, mantener esa charla, ese juego –al menos para el momento en que se encontraba el caso–. Esto es, se trataba de soportar algo de ese sin, precisamente para darle algún sentido, alguna orientación, a su función. Porque se advertía que el dispositivo construido tenía sus efectos terapéuticos.
* Supervisor del Equipo de Acompañamiento Terapéutico del Hospital de Día vespertino del Hospital T. Alvarez, GCBA. Coordinador de la pasantía de acompañamiento terapéutico en la Facultad de Psicología de la UBA.
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¿ Cómo se Diagnostica la Soledad ?
Resulta fundamental para el terapeuta diagnosticar correctamente la soledad y determinar si en realidad existe. Porque muchas personas se definen como "solas" sin serlo en realidad.
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una persona cariñosa de quien depender,
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alguien que lo atienda,
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oportunidad de expresar sentimientos íntimos a otra persona,
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un grupo de amigos del cual sentirse parte,
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alguien que necesite de su amor,
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alguien que lo desee físicamente,
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personas con quienes compartir valores e intereses,
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amigos para compartir actividades recreativas,
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relaciones en el trabajo,
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un sentido de confianza en los amigos íntimos,
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intimidad física en forma regular,
Es importante destacar que existe la soledad crónica en aquellas personas que no han sido capaces de establecer relaciones satisfactorias por un período de varios años y por lo menos a través de dos etapas de su vida, como podrían ser la adolescencia y la adultez joven; o la adultez joven y la edad madura.
También existe la soledad temporal, que incluye un estado de ánimo breve y ocasional de soledad, por ejemplo después del trabajo, o durante los fines de semana.
La soledad, un mal de nuestro tiempo: ¿Aprender a vivir solos o animarnos a buscar relaciones?
La soledad, un mal de nuestro tiempo: ¿Aprender a vivir solos o animarnos a buscar relaciones?
Los psicólogos consideran que alguien está solo cuando no mantiene comunicación con otras personas o cuando percibe que sus relaciones sociales no son satisfactorias.
Tres características definen la soledad: es el resultado de relaciones sociales deficientes, constituye una experiencia subjetiva ya que uno puede estar solo sin sentirse solo o sentirse solo cuando se halla en grupo; y, por último, resulta desagradable y puede llegar a generar angustia.
La soledad, salvo excepciones, es una experiencia indeseada similar a la depresión y la ansiedad. Es distinta del aislamiento social, y refleja una percepción del individuo respecto a su red de relaciones sociales, bien porque esta red es escasa o porque la relación es insatisfactoria o demasiado superficial. Se distingue dos tipos de soledad: la emocional, o ausencia de una relación intensa con otra persona que nos produzca satisfacción y seguridad, y la social, que supone la no pertenencia a un grupo que ayude al individuo a compartir intereses y preocupaciones. Parece, por otro lado, que la soledad está relacionada con la capacidad de las personas para manifestar sus sentimientos y opiniones.
Hay dos tipos de soledad: la personal (ausencia de una relación íntima con alguien) y la social (carencia de amistades)
Cuando nuestra habilidad para relacionarnos es deficiente, aumenta la probabilidad de que nos quedemos solos ya que las relaciones que mantenemos son menos entusiastas y empáticas. En general, las personas con problemas de neurosis se muestran convencidas de que no resultan amables ni dignas de ser apreciadas, y rechazan cualquier tipo de amigos potenciales con el objetivo de protegerse a sí mismos del posible rechazo. La soledad esta muy relacionada con la pérdida de relaciones con ese conjunto de personas significativas en la vida del individuo y con las que se interactúa de forma regular. La definición más común de soledad es la de carencia de compañía y que se tiende a
El miedo al rechazo y a la incomprensión frenan
la creación de nuevas amistades
L os psicólogos consideran que alguien
está solo cuando no mantiene
comunicación con otras
personas o cuando percibe que sus relaciones
sociales no son satisfactorias.
Tres características definen la soledad:
es el resultado de relaciones sociales
deficientes, constituye una experiencia
subjetiva ya que uno puede estar
solo sin sentirse solo o sentirse solo
cuando se halla en grupo; y, por último,
resulta desagradable y puede llegar
a generar angustia.
La soledad, salvo excepciones, es una
experiencia indeseada similar a la depresión
y la ansiedad. Es distinta del
aislamiento social, y refleja una percepción
del individuo respecto a su
red de relaciones sociales, bien porque
esta red es escasa o porque la relación
es insatisfactoria o demasiado
superficial. Se distinguen dos tipos de
soledad: la emocional, o ausencia de
una relación intensa con otra persona
que nos produzca satisfacción y seguridad,
y la social, que supone la no
pertenencia a un grupo que ayude al
individuo a compartir intereses y
preocupaciones.
Cuando nuestra habilidad para relacionarnos
es deficiente, aumenta la
probabilidad de que nos quedemos
solos ya que las relaciones que mantenemos
son menos entusiastas y empáticas.
En general, las personas con
problemas de neurosis se muestran
convencidas de que no resultan amables
ni dignas de ser apreciadas, y rechazan
cualquier tipo de amigos potenciales
con el objetivo de protegerse
a sí mismos del posible rechazo. La soledad
está muy relacionada con la pérdida
de relaciones con ese conjunto de
personas significativas en la vida del
individuo y con las que se interactúa
de forma regular. La definición más
común de soledad es la de carencia de
compañía y que se tiende a vincularla
con estados de tristeza, desamor y negatividad,
obviando los beneficios que
una soledad ocasional y deseada puede
reportar.
La ausencia de un ser querido.
Cuando desaparece de nuestra vida alguien
a quien hemos amado o que
ocupaba un espacio estelar en nuestra
cotidianeidad, nos invade una particular
sensación de soledad. Somos seres
sociales que necesitamos de los demás
para hacernos a nosotros mismos.
Y no sólo para cubrir nuestras necesidades
de afecto y desarrollo personal,
sino también para afianzar y revalidar
nuestra autoestima, ya que ésta se genera
cada día en la interrelación con
las personas que nos rodean.
La pérdida es irreemplazable pero no
debe ser irreparable. Ese hueco quedará
ahí pero si nos permitimos sentir la
tristeza y nos proponemos superarla a
base de confianza en nosotros mismos,
podremos reunir fuerzas para establecer
nuevas relaciones que cubran
al menos parcialmente ese déficit de
amor que la ausencia del ser querido
ha causado. Hemos de intentar que la
carencia de esa persona no se convierta
en una carencia general de relaciones.
Esta soledad es dolorosa, pero
puede convertirse en positiva si la interpretamos
como oportunidad para
aprender a vivir el dolor sin quedarnos
bloqueados. Y para generar recursos y
habilidades para continuar transitando
satisfactoriamente por la vida.
Debemos interiorizar y controlar el
dolor, sabiéndolo parte inherente a la
vida, aprendiendo a no temerlo y a no
mantenernos al margen del sufrimiento
como si de una debilidad o
incapacidad se tratara. Quien sabe salir
del dolor está preparado para disfrutarla
la plenitud en momentos venideros.
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Tratamiento
Los problemas de soledad se tratan en el mismo contexto en que se analiza la depresión.
La experiencia de los psicólogos con personas solitarias, sugiere que la mayoría de éstas no parecen ser significativamente más exigentes que otras personas, y que sin embargo tienen amistades que serían insatisfactorias para la mayoría de la gente.
Por lo tanto, el entrenamiento por lo general incluye cambios conductuales específicos en la forma de iniciar y profundizar sus relaciones sociales del paciente, tanto en el momento actual, como antes de que surgiera el problema.
Se investiga: a) la cantidad de tiempo que el pacientes pasa con sus amistades; b) la capacidad de la persona para "abrirse" frente a otros, hablando de sus sentimientos y pensamientos íntimos; C) las conductas "cariñosas" que los amigos otorgan al paciente, (para determinar hasta qué punto cada amigo puede ser confiable y cuánto puede depender de ellos, especialmente en los momentos de crisis) y d) la intimidad física, que incluye la regularidad de estos contactos y la satisfacción que el paciente obtiene del aspecto físico de cada relación.
Es muy probable que exista una sobreposición de estos cuatro elementos, pero sirven para evaluar la naturaleza de la soledad del paciente. Porque puede ser solitario por las dificultades que tiene para iniciar una relación, o para profundizarlas.
Por otra parte, los pacientes crónicamente solos a menudo revelan muchos síntomas de depresión, como inactividad, pérdida de energía y pérdida de placer en actividades que para la mayoría resultan agradables. Se sienten aislados, diferentes a los demás; se quejan de que nadie los entiende; que a nadie le importan.
Esta actitud puede ser cambiada. Y el nuevo enfoque terapéutico para tratar la soledad como un problema clínico, permite desarrollar estrategias cognitivas y conductuales de las cuales hablaremos en un próximo capítulo.
- Carencia de compañía.
- Lugar desierto o tierra no habitada.
- Pesar y melancolía que se sienten por la ausencia, muerte o pérdida de alguna persona o cosa.
Y hay seis sinónimos para la palabra soledad:
- Abandono: Acción y efecto de abandonar o abandonarse.
1) 1) Separación de una persona, una población o una cosa, dejándolas solas o incomunicadas.
2) 2) Falta de comunicación, desamparo.
3) Acción y efecto de aislar o aislarse.
- Alejamiento de un lugar: Acción y efecto de alejar o alejarse.
- Melancolía:
1) Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente.
2) Monomanía en que dominan las afecciones morales tristes.
1) Castigo de una falta o delito.
2) Cuidado, aflicción grande.
3) Dolor, tormento corporal,
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